En Palpalá, los administradores del comedor Tacita Solidaria (barrio Antártida) enfrentan a diario la difícil tarea de alimentar 86 bocas sabiendo que muchas otras quedarán fuera.
“Vienen 86 personas entre abuelos y niños, diez más del cupo máximo. Tenemos lista de espera y da pena decirles que no hay más lugar cuando vienen a querer retirar comida. Pero eso es lo que nos da el gobierno, que si bien aumento la partida sigue siendo insuficiente ante todos los aumentos” explica Marta Sánchez, una de las referentes.
A comienzos del período de cuarentena, luego de un inexplicable letargo, el gobierno provincial definió el aumento de las partidas presupuestarias en un 110% alcanzando la módica suma de 14 pesos per cápita.
Paralelamente la mercadería también escaló, a pesar del control de precios determinado por las autoridades nacionales y locales.
“Trabajamos como siempre, el hambre no sabe de virus. Tratamos de ayudar a las familias que lo necesitan. Tenemos que ir a los negocios que brinden factura para poder rendir cuentas. Un montón de gente que viene a buscar comida, los trabajadores independientes que no están trabajando. Pero el gobierno no nos da más cupos” resume Sánchez.