Política | Gerardo Morales

Morales también quiere eliminar las PASO

La suspensión o no de las PASO es una de las discusiones más fuertes que se está dando en el corazón mismo del oficialismo, ya que entienden el daño gigante que podrían infringirle a la oposición al quitarle ese mecanismo de participación y de elección de candidatos, pero a su vez analizan que el impacto también podría volverse en contra.

Según los medios nacionales, en los círculos del poder central sostienen que Cristina nunca fue proclive a cambiar las reglas electorales, al parecer la vicepresidenta entendería que eso sería altamente nocivo para la economía, aunque en esta oportunidad todo indica que el pragmatismo estaría ganando terreno.

Como es natural en la decadente clase política argentina, ante un inminente proceso electoral, comienzan a emerger voces que sugieren eliminar las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, en definitiva cambiar las reglas de juego y adaptar las elecciones meramente a intereses particulares y mezquinos. Y como suele ocurrir cada dos años, la discusión cae en la sospecha de que el verdadero objetivo de los promotores no es otro que beneficiarse respecto de sus competidores.

Si un sistema democrático depende del resultado de una elección, ¿Cómo es posible que se analice la realización o no de unos comicios en función de su impacto como un gasto en las cuentas públicas?

Aun si se dijera que estamos razonando por el absurdo, la reflexión sería igualmente válida. Las Paso permiten, en teoría, una oxigenación de la vida interna de los partidos políticos, así como de los acuerdos entre ellos, pero lo más importante, permite que los ciudadanos se expresen. Las elecciones son el acto más sublime de una democracia, y los demócratas de hoy intentan suprimirlas.

Las Paso fueron instrumentadas por una ley que impulsó el kirchnerismo, allá por el 2009, aunque la concertación K jamás eligió sus candidatos por esa vía.

La coalición Cambiemos, por el contrario, que fuera reacia en un principio, terminó convirtiéndolas en el medio ideal para que ciertas alianzas políticas alcanzaran algún grado de legitimidad social.

Pero no fue el único, el Frente de Izquierda también siguió la misma estrategia y Sergio Massa supo disputar una primaria presidencial con José Manuel de la Sota, en 2015.

Alguna vez en el gobierno, Mauricio Macri también analizó la posibilidad de eliminarlas. Ahora sería el kirchnerismo y algunos socios ocultos los impulsores de su suspensión.

Hasta ahora, los gobernadores peronistas están presionando al gobierno y a los legisladores nacionales para que ingrese al Congreso un proyecto de ley en ese sentido.

Hay sectores peronistas no kirchneristas, como el cordobés y el santafesino, que también estarían de acuerdo.

En esta ocasión, Juntos por el Cambio rechaza la suspensión con el argumento de que no se pueden cambiar las reglas de juego a menos de un año de la contienda. Es una postura razonable. Pero a nadie se le escapa que la coalición tiene por delante la elección de un nuevo liderazgo, algo que sin las Paso le resultaría imposible de dirimir.

Gerardo Morales apoya la eliminación de las PASO, pero por ahora lo hace subrepticiamente y debajo de la mesa, como es su costumbre, ya que según sus cálculos, es la única opción que tiene para lograr integrar una lista.

Los números lo siguen mostrando a distancias abismales de sus eventuales competidores, no logra superar el 3%, inclusive hay un leve aumento de su conocimiento que no se traduce en intención de votos.

En una PASO, Morales no tiene ninguna chance, entonces está esgrimiendo ante sus íntimos que el problema no es definir un candidato específicamente de un partido sino que se debe definir el candidato de una alianza, por lo cual, de prosperar tanto la anulación de las PASO, Morales está propiciando una internas dentro de JxC, pero cerradas, o sea con los padrones de los partidos que integran la concertación.

Morales esta en un todo de acuerdo y trabaja con el kirchnerismo para socavar hasta donde se pueda a los dirigentes del PRO, comenzando por Macri y terminando de Rodríguez Larreta obvio que pasando por Bullrich y cumple acabadamente con la encomienda.

Por ahora la discusión está en los salones del poder, poco falta para que llegue al congreso y sea tema de agenda nacional.

Sería más democrático que cada quien se dedique a gobernar sin buscar perjudicar a sus rivales, tanto internos como externos.