Juan Carlos Giavai, referente del rubro, aseguró que el mismo está en una situación delicada, tratando de equilibrar cuentas que se desequilibran constantemente.
“Hay negocios que no se recuperaron de las pérdidas de la pandemia”.
En todos los eslabones de la cadena productiva, en la distribución, la creación de un producto, hay desequilibrio, de acuerdo a Giavai, lo que no impide que intenten brindar un servicio u ofrecer un producto de calidad a buen precio. De todas formas, están obligados a llevar los precios de la inflación al producto final.
“Absorbemos durante un tiempo ese desequilibrio porque no podemos subir los precios de golpe, lo vamos filtrando hasta que llegamos a un precio que la gente accede a consumir, y de repente tenemos otro cimbronazo”.
La falta de previsión es tal que no saben lo que sucederá en días, meses, o a fin de año. Esperan que algunas épocas (Fiesta de los Estudiantes, Día de la Madre, Fiestas de Fin de Año) sean positivas, y siguen esforzándose para equilibrar cuentas, cumplir con sueldos y gastos y adquirir insumos.
“El consumo bajó mucho”.
Pareciera que se ganara más, dijo Giavai, pero el dinero no tiene valor (o lo pierde camino al proveedor), y cuando se repone algo, se hace en menor cantidad. Se vende menos, pero al tener precio más alto, da la impresión de ser un ingreso mayor.
“El gastronómico sufrió mucho la suba de precios de lácteos, fiambres y carnes”.
Hay algunos platos que parecen impagables pero es el precio que deben tener para poder pagar sueldos de empleados y reponer mercadería. La preocupación y la incertidumbre son grandes.
“La suba para nosotros no fue del 20%, sino del 35%, porque se acomodaron precios viejos y los proveedores aprovecharon la situación y acomodaron sus números”.