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Tarde pero seguro, querido Juan Carlos Calabró

¿Sabes? te tengo que pedir disculpas, genial amigo de la distancia y los recuerdos. Por que un ídolo como vos merecía estar en estas páginas.

En mi lecho de enfermo me tuve que enterar, frente al televisor, que tu vida mundana se había extinguido, en una crónica de una muerte  lastimosamente inevitable. Por estas horas he leiído las frases más ocurrentes y más tiernas, como: “San Pedro, mirá quién vino”“Salió de rotation”, como  mirando la humilde hinchada de Villa Dálmine de quien te habías hecho hincha por que practicando ciclismo, se te pinchó la rueda y la gente del club te ayudó a componer la “bici”, y desde  allí  - además de River – te hiciste simpatizante del club de Campana.

Por eso me encantó aquel sketch junto a “Cuchuflito” en dónde aparecías desalineado, con una botella de vino, en curda,  y cantando ¡Si ,si, señores yo soy de Villa Dalmine de corazón!.

Es muy difícil no caer en los lugares entrañablemente comunes, como tus desopilantes confusiones de los  personajes invitados  en “El contra”. Qué grande “Anibal, un pelotazo en contra” que de alguna manera representaba  a los ridículos  que se creían “langas”, con tu “Topolino”, tus frases matadoras como “Tu ruta es mi ruta”. O cuando le decías a tu amigo  ¡Dejame Juan, yo estoy en la grande, centro, pooles, “ watses”, “vodeviles”, “comités” quince caras bonitas quince…

Por su puesto no podía faltar el majestuoso “Johny Tolengo”,  cuya canción  “Qué alegría,  qué alegría, estás para ganar”, a la que adoptaron todas las hinchadas futboleras; la adaptaron  y la cantaron todas las barras del país.

Hasta los chicos te siguieron imitando tu “look”, pero sobre todo arrancándole una sonrisa a un niño, lápida que elegiste antes ir a  su  última morada. Para entonces los chicos esperaban  los líos que entre vos y “Borromeo” armaban en cualquier lugar que visitaban.

¿Sabes?, yo siento que me arrancaron un pedazo más de  de mi infancia. Porque arriba, en el  otro lado  de la vida, se fueron varios  de esos fabricantes de la comicidad, “magnates” de la risa, artistas con  las luces más rutilantes  que se están juntando en el cielo.

Pensé siempre que Dios sólo se llevaba  jugadores de futbol para  divertir  a los ángeles y  de paso para llevarse  a los más buenos de esta convulsionada vida.

¡Mirá que hay que subsistir cincuenta años haciendo reír sin decir una mala palabra!, contrariamente a lo que hoy se ve y se escucha, en donde lo chabacano le gana a  lo sutil.

Es indefectible hablarte de futbol, como lo hacías  con tus amigos  en las mesas de café. Ahí solías defender a tu querido River Plate, ahí le pusiste el pecho con tu alma un poco deteriorada el dramático descenso de River, pero ahí volviste para compartir con los muchachos, el ascenso del “campeón más poderoso de la historia”, como dice la canción de Copani.

Pero también compartías tu corazón con Villa Dálmine, cuando allá por los 50’ te enamoraste  del afecto de la gente de la localidad de Campana. Por eso tantas veces aparecías con una gorra, envuelto en la bandera color violeta, que distingue al modesto club. Al conocer la noticia de tu partida se juntaron para ofrecerte un banderazo y cantar el infaltable “que alegría, que alegría, estas para ganar”. Mas tarde una tribuna del estadio, llevará tu nombre, como lo prometió su presidente, en honor al hincha más famoso del club que hoy milita en la “B” Metropolitana.

Para el recuerdo quedará  aquel programa  televisivo que se llamaba “Gracias por venir”, cuyo final fue con  el cuerpo técnico, plantel y dirigentes del club “violeta” y una placa como homenaje al más famoso simpatizante, más un carnet honorario de la institución que acababa de ascender en el 2012  a la “B” Metropolitana.

Ya todo se dijo de vos  Juan Carlos, sacaron del baúl de tu pletórica  carrera, los mejores  recuerdos.

Mientras estaba internado, desde mi cama, me abofeteó la noticia de tu muerte, sin poder escribirte nada hasta un par de días después.

Y yo que todo lo relaciono con el futbol, tuve que relacionarlo también con los personajes que me hicieron reír, porque en definitiva ¿sabés una cosa? Sigo pensando que me van arrancando un pedazo de infancia  cada día.

Pido disculpas por haber llegado tarde  con mis letras, pero no podía tragarme la tristeza que  viene  desde mi época  de chiquilín.  Sé que ahora  estás descansando, que esa paz en lo alto, la utilizarás para observar tu cosecha  de cariño.

Sólo te pido un favor. Mandale un abrazo a “Minguito”, al “Gordo” Porcel, a Fidel Pintos, Rolo Puente, Portales, a “Pepitito” Marrone, al “Negro” Olmedo,  y a tantos que nos fueron dejando, desamparados de alegría y un poquito más sólos, un poquito más sólos…

El Poeta del Futbol

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