Hace 30 años, México también fue nuestro
En un marco de diálogo y entendimiento, los gobiernos de la Argentina y de Brasil sellaron un nuevo acuerdo. Las terminales afirmaron que otorga previsibilidad al sector.
Fue, como estamos acostumbrados los argentinos, una historia fantástica. Porque veníamos del fracaso del Mundial ‘82 con Maradona incluido, quien había sufrido su primera frustración quedando desafectado del plantel campeón del ‘78. Esas lágrimas que derramó el Diego, las mezcló con furia cuando se fue de España luego de aquella "plancha" a un brasileño, con los dientes apretados y con aires de revancha contenido.
Se había terminado el ciclo de Menotti, y se iniciaba el proceso de Carlos Salvador Bilardo, exitoso técnico de los ‘80 con ese Estudiantes que le ganaba las pulseadas a Independiente, dos escuelas asimétricas y diametralmente opuestas en esas épocas.
Lo cierto es que el tacticismo, el pragmatismo, lo utilitario, se volvía a poner de moda, como en esa disidencia que se generó entre "menottistas" y "bilardistas", como si no nos faltaran divisiones a los argentinos, acostumbrados a las divisiones insensatas. Algo así como nos ocurrió después de Suecia ‘58, en dónde nos disgregamos entre ocuparnos de un fútbol físico o un fútbol clásico. Igual el regreso a las fuentes fue en el ‘78, cuando el equipo argentino jugó el fútbol que le gustaba a la gente.
Para el colmo, el proceso de Bilardo comenzó mal y prácticamente terminó de la misma forma, en la previa del ciclo previo. Incluidas las eliminatorias, en donde Argentina clasificó angustiosamente ante Perú, gracias a Pasarella y Gareca.
De allí que la delegación argentina marchara hacia el Mundial de México con todo el descrédito y la apatía del fútbol argentino.
Sin embargo esa etapa llevaría consigo una suerte de revolución táctica, por el modo de distribuir y de parar a sus equipos, Carlos Bilardo, discípulo del inolvidable Osvaldo Zubeldía. No faltaron las rencillas internas, por la discutida capitanía entre Maradona y Pasarella, que terminó con una hepatitis del zaguero de River, desafectando las cosas.
La cabeza de Bilardo, que estaba en juego, y las presiones que habían alrededor del seleccionado eran asfixiantes, pero el equipo ya estaba dispuesto para la gran hazaña del Mundial en tierras aztecas.
Fueron un mes y exactamente siete partidos inolvidables que llevaron de la guillotina a la guillotina, al cuadro comandado claramente por un astral, Diego Armando Maradona. Claro está, con sus lugartenienetes mundialistas, como Pumpido en el arco, los hermanos Enrique, Olarticochea, Giusti, Batista, Burruchaga, Valdano...
Un 2 de Junio todo comenzó con un 3 a 1 ante Corea, cuyos goleadores fueron Valdano en dos oportunidades, con gol de Ruggeri para los argentinos, descontando Park para los asiáticos. Pero había que seguir demostrando, que el equipo estaba bien, que ante los coreanos, solo era el comienzo de una gran campaña.
Fue así que llegó el turno de Italia, campeón cuatro años atrás en España, abriendo el marcador Altobelli para los "azurros", empatando en una de sus primeras jugadas geniales, Diego Maradona para establecer un merecido empate.
El cierre del grupo "A", quedó establecido con Argentina invicto, ganándole a Bulgaria dos cero, con Valdano y Burruchaga como autores de las conquistas "albicelestes". El país comenzaba a ilusionarse con la producción de un conjunto que había partido con todo el "ateísmo futbolístico" desde el Río de la Plata.
Por fin llegaba el clásico ante Uruguay, que no se reeditaba desde el mundial de 1930, pero la victoria fue para nuestro seleccionado 1 a 0, con gol de Pedro Pablo Pasculli, resultado que levantaba la euforia de un país, que empezaba a creer en una nueva epopeya.
Pero un domingo 22 fue una jornada gloriosa para el equipo nacional, ya que Inglaterra era el rival esperado. Fue el día de gol "con la manos de Dios" de Diego, para el inicio de un increíble triunfo argentino, que tuvo su corolario con un extraordinario golazo de Maradona, en ese grito inmortal del relator uruguayo Víctor Hugo Morales, quien describió perfectamente el mejor gol de todos los tiempos.
Argentina estaba casi en la "cresta de la ola", solo faltaba un pasito más, su último escollo era Bélgica, pero a esa altura, el equipo de Bilardo tenía a un genio inspirado en Maradona, cuya actuación ante los belgas, fue definitivamente brillante. Dos goles de Diego, convertido ya en Dios para los argentinos, le dieron el pasaporte a la final tan ansiada, y también impensada para todo un país.
Hasta que llegaría aquel 29 de junio imborrable, el día que los simpatizantes alemanes y mexicanos, tuvieron que ponerse de rodillas ante un incontenible equipo argentino. Claro que tuvo un poco que sufrir, ya que primero el "Tata" Brown de cabeza, luego Valdano en una vertiginosa corrida ponían un 2 a0, casi determinante. Pero los alemanes reaccionaron, logrando empatar en dos tantos para enmudecer al público argentino.
Sin embargo, la memorable corrida de Jorge Burruchaga, escapándose para el tercer gol de la victoria, sellaría la épica tarde en la que Argentina alzaría por segunda vez la copa mundialista en su historia.
Así, otra fantástica historia del fútbol argentino se concretaba, por obra y gracia de un inspirado Diego Armando Maradona, con un técnico que con su táctica y aquellos jugadores inolvidables: Pumpido, Cuciuffo, Brown, Ruggeri, Olarticoechea; Giusti, Batista, Enrique, Burruchaga, Maradona y Valdano, quedaron inmortalizados en esa tarde mexicana, cuando nuevamente, el mundo se rindió a los pies de Argentina campeón 1986.
El Poeta del Fútbol
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