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Poemas para nuestros seres queridos que ya no están

Compartimos poemas que invitan a recordar a los seres queridos que ya no están.

"Ya vienen las almitas, esperemos la señal,

preparemos comidita con hambre han de llegar".

A continuación compartimos una recopilación de poemas para recordar a nuestros Fieles Difuntos:

Día de los Fieles Difuntos

Se fueron de a poco.

Inundaron todo

de hondo silencio

después del gemido

o el llanto partido

desde cada tiempo

que ya no regresa.

Y también se fueron

apagando un poco

hasta en el recuerdo.

No hay voces grabadas

ni aromas, ni besos.

Pero estarán siempre

haciendo memoria

desde dentro nuestro.

Se fueron de a poco

y están esperando

que quizás un día

vaya yo a su encuentro.

Yo no prendo velas

no comulgo rezos.

A todos mis muertos

los recuerdo siempre

a cada momento.

Yo solo invoco

desde muy adentro

el amor que tengo

por cada uno de ellos.

De Asba Barrenechea Arriola

El viaje definitivo

...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros

cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol,

y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido…

Y se quedarán los pájaros cantando.

De Juan Ramón Jiménez

369

Tendida estaba como si jugase

Su vida se escapó de un salto —

con intención de regresar —

mas no tan pronto —

Alegres brazos, casi desplomados —

como si al descansar del juego —

por un instante se olvidasen —

del Modo de continuar —

Sus Ojos bailarines — entreabiertos —

como si aún su Propietaria hiciese

señas de luz a través de ellos

dirigidas a ti — por diversión —

Su Amanecer junto a la puerta —

tramando, estoy segura —

cómo forzar su sueño —

tan leve — tan profundo —

De Emily Dickinson

RIMA LXI

Al ver mis horas de fiebre

e insomnio lentas pasar,

a la orilla de mi lecho

¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano

tienda, próxima a expirar,

buscando una mano amiga,

¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidrie

de mis ojos el cristal,

mis párpados aun abiertos

¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene

(si suena en mi funeral)

una oración, al oírla,

¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos

oprima la tierra ya,

sobre la olvidada fosa

¿quién vendrá a llorar?

¿Quién, en fin, al otro día,

cuando el sol vuelva a brillar,

de que pasé por el mundo,

quién se acordará?

De Gustavo Adolfo Bécquer

Se ha ido

Puedes llorar porque se ha ido o puedes sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado.

Tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver o puede estar lleno del amor que compartiste.

Puedes dar la espalda al mañana y vivir en el ayer, o puedes ser feliz en el futuro debido al ayer.

Puedes recordar tan sólo que se ha ido, o puedes conservar su memoria y recordarla para siempre.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío, dar la espalda o puedes hacer lo que le gustaría: sonreír, abrir los ojos, amar y seguir adelante.

De David Harkins

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