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Mujeres maltratadas: víctimas de una cultura.

Pautas que se transmiten dentro de la familia, a través de la televisión y en la educación. Psiquiatras, psicoanalistas y sociólogos explican por qué los hombres matan a las mujeres.

El asesinato es el punto extremo, pero hay episodios diarios que naturalizamos y que alimentan la violencia de género en todas sus formas. Si bien los especialistas advierten que existen disposiciones orgánico-psicológicas a la violencia, es la sociedad la que cría hombres femicidas y mujeres víctimas. 

Antes pegarle a la mujer aparecía casi como un deber. Letras de tango como ‘Toalla mojada’ eran cantadas por hombres y mujeres como lo más natural del mundo. Hoy en día, festejar que es mamá quien sirve la comida o decirle que es ama y reina de la casa también lleva a la aceptación de que la mujer se ocupa de las tareas hogareñas y de complacer al hombre. Lo mas difícil de cambiar no es la economía de un país, sino la ideología.

En  los jardines de infantes se siguen cantando canciones infantiles cuyas letras sostienen, por ejemplo: “Me quiero casar con una señorita que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar”. Las pautas machistas están presentes en la educación de las distintas franjas etarias y sociales y son tomadas con total naturalidad.

Dada su masividad, la televisión es un elemento central en la difusión de esas pautas. La pantalla chica exhibe cuerpos de mujeres semidesnudas, no como una expresión artística sino con el mero objetivo de ser exhibidas. Desde el punto de vista psicoanalítico, Leticia Glocer Fiorini, presidenta de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), agrega que según Sigmund Freud los hombres dividen “entre la mujer pura y la prostituta. La pura es la madre, o la representante de la madre, que puede ser la hija, y es intocable e idolatrada”. El resto integra la segunda categoría y no merece consideración alguna.

La sociedad también tiene naturalizados los celos como posesión y muestra de amor. “La mujer muchas veces dice ‘él no me quiere porque no me cela’, mientras que el varón piensa ‘la celo porque la quiero, porque está conmigo y me pertenece’. Naturalizamos el control, los horarios y las llamadas de teléfono. También es común escuchar que ‘si no me das la clave de mail es porque tenés algo que ocultar’”.

La cuestión es que cuando una mujer rompe con esos modelos que la sociedad transmite como “adecuados”, provoca la reacción del hombre que ve violentada su “jerarquía”. Tal vez de ese razonamiento provenga la justificación de “emoción violenta” que contemplaba el antiguo Código.

“Es importante que se sancionen las leyes pero también tiene que haber un cambio cultural. No tener leyes sería vivir en anarquía y es necesario regular qué cosas son aceptadas y cuáles no. Antes, a los asesinos de mujeres se los podía condenar de 5 a 25 años y en promedio les daban diez. Con la reforma del Código, un hombre que mata a una mujer por violencia de género es condenado a prisión perpetua. Esto no evita el femicidio sino que garantiza justicia cuando se produce. Va a ser muy difícil erradicar la violencia si no educamos a nuestros hijos en la equidad. 

Horacio Vommaro, presidente de la Asociación Psiquiátrica Argentina (APSA) y director de psiquiatría y salud mental de INEBA, reconoce que “hay personas potencialmente más violentas que otras. El síntoma tiene cuatro componentes: biológico, psicológico, social y cultural. Lo biológico es necesario pero no suficiente, ya que se modela en la intersubjetividad. De todas formas, las costumbres son construcciones humanas y se pueden modificar, no hay que naturalizarlas”.

Una típica pregunta entre amigas cuando una se va a vivir con el novio es: “¿Te ayuda con las cosas de la casa?”, suponiendo que la responsabilidad recae en la mujer y la tarea del hombre se reduce a “dar una mano”. En los grupos de hombres, cuando uno anuncia que se va a casar, la pregunta es “¿Cómo te convencieron?”, o se afirma: “Al final te pescaron”. Los muñecos que decoran las tortas de casamiento suelen mostrar a la mujer reteniendo al hombre, una imagen risueña que esconde la idea de que el destino de la mujer es casarse y ocuparse del hogar.

Hay mujeres que no quieren tener hijos y desde la sociedad hay una idealización de que debe tenerlos. Ese es uno de los motivos por los cuales el aborto no está aceptado. Otro factor es el religioso, claro”. Lo importante es que la sociedad dé alternativas. Si en la casa se enseña que a la mujer le corresponde ordenar para cuando vuelve el marido de trabajar, la sociedad tiene que mostrar que existen otras opciones.

El acto violento es individual, pero todo lo que lo rodea y antecede es responsabilidad colectiva. Es la sociedad y cada uno de sus miembros quienes naturalizan situaciones violentas. Sigue habiendo manuales de “la buena esposa” que recomiendan “para mantener a tu marido feliz” tener la cena lista, lucir hermosa, ser dulce e inteligente, arreglar la casa, hacer sentir al hombre en el paraíso, preparar a los niños, minimizar el ruido y no quejarse. Visibilizar y tomar conciencia de todas las formas de violencia es la mejor forma de luchar contra ella.

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