El eterno “Freddie” revive en Hernán Piquín
El bailarín Hernán Piquín se presentó anoche en el Teatro José Hernández, del complejo educativo Martín Fierro, donde presentó el musical “Freddie”.
El telón del Complejo José Hernández de San Salvador de Jujuy se abre, al tiempo que suena “The show must go on”. Sobre una tela en el centro y adelante, se suceden imágenes de la noticia de su muerte y su funeral. Aparece él, tendido en el escenario, en su última morada. Es Freddie Mercury, el legendario, el único, el que se hizo coronar por millones de fans alrededor del mundo; sólo que esta vez es Hernán Piquín quien decidió poner su cuerpo para que, por espacio de una hora y veinte minutos reviva la leyenda.
Así, a lo largo de dieciocho cuadros, emoción, ternura, audacia, desenfado, angustia, amor, alegrías y tristezas, desesperación, vida y muerte, se hicieron presentes en este musical. “Freddie” repasa la vida de uno de los más (si no el más) agitados ídolos musicales. Desde ese niño nacido en la isla británica Zanzíbar, su internado en el colegio de varones en Bombay, al ritmo de “Living on my own”. Esa escena es recreada en pantalla grande, donde Anita Martínez encarna a la madre de Freddie, mientras él baila y recuerda. A Piquín lo acompañan Cecilia Figaredo (La Muerte), Lucila Alves y un fantástico cuerpo de baile.
Luego llega “Love of my life”, cuadro que recrea el primer amor, el de su incondicional Mary, con Cecilia Figaredo en el papel. Sus primeros años en Londres quedan plasmados gracias a una impecable representación con escenografías móviles que le imprimen la ambientación necesaria para dar marco a aquellos momentos. De repente, “We will rock you” comienza a sonar, a vibrar, llevando en su compás a todo el auditorio presente, mientras un cuerpo de bailarines muestran el ritmo y el baile que Freddy acompasa en sus años de juventud, en un Hernán Piquín impecable en su caracterización.
Encendido final, al que le sigue la dulce canción “Somebody to love”, un cuadro en el que la crudeza del relato se hace presente, en un contraste profundo. Freddie se enfrenta con su yo interior, ese que le hace enfrentarse con su homosexualidad, a la que combate al principio, pero la que luego acepta, viviendo su primera experiencia con un productor de una compañía discográfica (Elektra Records), encuentro recreado con total sutileza y buen gusto y con la maestría en los movimientos de Hernán Piquín y su partenaire.
Llegará el momento de sacarle partido a la vida, a través de diferentes experiencias que llevan a Freddie hombre a ir por lo que quiere, cuando quiere y como quiere, cuadro enmarcado por un baile vertiginoso, al ritmo de “Don’t stop me now”.
Cada coreografía está especialmente pensada para reflejar con total lucidez, el derrotero del músico, que encantó y encanta por igual a hombres y mujeres de diferentes generaciones. Así aparece en escena su madre, en una dulce y emocionante danza, envuelta en “Bohemian Rapsody” y ya enfundado en sus pantalones blancos y chaquetas con charreteras y tonos contrastantes, el Rey de la fiesta en uno de sus cumpleaños, mientras suena “Killer queen”.
En eso llega el amor de quien será su compañero hasta el fin de sus días, el peluquero Jim Hutton. Nuevamente una pantalla gigante muestra escenas documentales de estadios colmados de público que acude a ver la banda, mientras los bailarines representan esos grupos, esos fans, esos miles y miles de seguidores, con la música de “Radio Ga Ga”.
Uno de los momentos más conmovedores llega a través de la presencia del bailarín argentino, que trasmite toda la emoción y el sentir del músico, mientras “Too much love will kill you” guía sus movimientos para traslucir el dolor de conocer que el HIV ha entrado a su cuerpo y a su vida, seguido por la muerte (Cecilia Figaredo), la que ejecuta una danza a modo de anuncio del desenlace fatal, con un contundente “Love kills”.
Todo ese despliegue en escena, va conduciendo a ese eclipse, a ese fin de la vida, pero que no eclipsa el esplendor del ídolo, que no pone fin a su música y lo que trasmite.
El cuerpo de bailarines realiza un trabajo magnífico, espléndido.
Hernán Piquín deja la imagen impregnada de Freddie en fotografías, combinadas con el interior esplendoroso de una puesta impecable, como esplendorosa e impecable es la aparición de Hernán en el final, vestido de blanco y con capa y corona, tal y como lucía Su Majestad “Freddie”. El cierre llega con la aparición de todo el cuerpo de bailarines y bailarinas, mientras suena “I want to break free”.
El musical, adaptado a las condiciones que exige una gira, deja en las retinas el sabor inconfundible del deleite de un espectáculo de primerísimo nivel, de gran destreza interpretativa y una maravillosa compaginación de la historia, a la altura de un elegido de los dioses. De quien supo ser un dios, un rey… una reina; Freddie Mercury

