El clima no opacó la fiesta en la Serenata a la Niña Yolanda
A pesar del frío reinante y la persistente llovizna, gran cantidad de público participó de la tradicional fiesta, que comenzó alrededor de las 13 con la ceremonia de la Pachamama.
El mal clima reinante durante toda la jornada del sábado no impidió que Lozano de vistiera de fiesta. Como todos los años, se realizó la tradicional Serenata a la Niña Yolanda, en recuerdo de Yolanda Pérez de Carenzo, organizada por la familia y la Municipalidad de Yala. En este caso fue la edición número 18.
La fiesta se hacía inicialmente en enero, para la fecha de su cumpleaños, pero luego se trasladó a noviembre, para conmemorar su fallecimiento, el día de la música. Por tratarse de época de lluvias siempre se generaban inconvenientes, por eso desde hace cuatro años se realiza en agosto por ser un mes seco. Este año el clima no acompañó pero igual la gente se llegó hasta el predio, a un costado del Cementerio La Castellana.
Como ya es tradicional, la fiesta comenzó con el homenaje a la Pachamama y luego se dio inicio al espectáculo. Abrió la jornada artística el Ballet Infantil Niña Yolanda, de Lozano, al que siguió el grupo Amarantitos. De allí en más una gran cantidad de artistas desfiló por el Anfitearo Niña Yolanda, que fueron seguidos con atención por el público que no abandonaba sus lugares a pesar del frío y la persistente llovizna.
Los organizadores de la fiesta (Municipalidad de Yala y familia Carenzo) dispusieron varios fogones desparramados por todo el predio, para brindar sitios acogedores a los presentes que, a pesar de todo, no parecían sentir demasiado el rigor del clima.
A las 18 subió al escenario el primero de los homenajeados, Tomás Lipán, quien destacó la figura de Yolanda Pérez de Carenzo y agradeció por la invitación un año más y por el reconocimiento. Lipán interpretó zambas, bailecitos, carnavalitos y hasta se animó con la chacarera “Luna Cautiva” del Chango Rodríguez, pese a que no es un ritmo que aborde con frecuencia.
Posteriormente continuó el desfile de artistas y pasadas las 20, cuando la noche había cubierto el predio, llegó el momento esperado de recibir y homenajear a Jaime Torres. El músico también recordó a la Niña Yolanda, a las personalidades que desfilaron por la casa familiar y dijo que dudaba mucho de aquellos versos de la Zamba de Lozano que dicen: “Camino a la Puna…” porque “no pasaron nunca. Se quedaron aquí...”
Torres recibió el reconocimiento y de debajo de su poncho sacó su charango para deleitar al público presente con algunos de sus temas más populares. Con su hijo Juan Cruz, interpretaron “Diablo suelto del músico venezolano Hernán Gamboa.
Finalizada la actuación, el músico fue reconocido nuevamente por la familia Carenzo, y Marcelo, uno de los nietos de la Niña Yolanda, contó una anécdota de Jaime Torres, de esas que son desconocidas, y que hablan de su humildad.
En cierta oportunidad Jaime sufrió un serio accidente en la Quebrada. Fue internado en el hospital de Humahuaca y las primeras atenciones se las hizo una médica neonatóloga, porque era la única que se encontraba en el nosocomio.
Restablecida la salud, Torres volvió a su vida normal y en Buenos Aires se hizo atender por especialistas. El diagnóstico fue el mismo: la doctora de Humahuaca había hecho un gran trabajo y le había salvado la vida. En agradecimiento, Torres le obsequió una beca para que pudiera hacer los estudios que quisiera…
Entrada la noche y cuando faltaba actuar más de la mitad de los músicos, el público no se había movido de sus lugares. La llovizna seguía presente, y la fiesta también.

