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La educación pública, un pilar indiscutible

La educación pública siempre ha sido una línea roja transversal en la sociedad argentina. Es una cuestión que une a personas de todas las clases sociales y orientaciones políticas. Históricamente, cada vez que se ha intentado subestimar su importancia o alterar su esencia, la reacción popular ha sido inmediata y contundente.

La reciente movilización no ha sido la excepción. El intento del gobierno de minimizar y desacreditar las protestas ha sido un fallo táctico. La adhesión de ciertos dirigentes políticos cuestionables a la causa no ha podido opacar el hecho de que la verdadera voz protagonista ha sido la del pueblo: estudiantes que regularmente marchan y aquellos que raramente se suman a protestas, ciudadanos universitarios y no universitarios, familias enteras con niños, padres y abuelos incluidos. La manifestación no ha sido un acto político, sino un clamor popular.

Fue mucha gente. Cientos de miles de argentinos. Se trató de un evento de una dimensión tan masiva que convirtió en irrelevante la cantidad de participantes. Fue ciertamente una multitud que se movilizó para defender el valor de la educación pública y para pedir un límite al ajuste drástico del presupuesto destinado a las universidades nacionales.

Más allá de la multitudinaria convocatoria, el gobierno de Javier Milei reaccionó sin sorpresas. Rechazó los reclamos, ratificó la política de austeridad presupuestaria y puso en medio de la discusión la exigencia de que las universidades acepten un régimen de auditorías sobre los fondos que administran diferente al que establece la legislación vigente. Es que la Auditoría General de la Nación, que depende del Congreso, es la que está a cargo de la supervisión de los gastos.

Más allá de la discusión, el Presidente fue fiel a sí mismo y redobló la apuesta. “Día glorioso para el principio de revelación. Quien quiera oír (ver) que oiga (vea)... Viva la libertad carajo”, publicó en Instagram, con la caricatura de un león bebiendo de un tazón con la leyenda “lágrimas de zurdos”.

El posteo vino después del discurso que pronunció, como cierre, la presidenta de la Federación Universitaria Argentina (FUA), Piera Fernández: “No queremos que nos arrebaten nuestros sueños: nuestro futuro no les pertenece. Somos orgullosos hijos e hijas de la Universidad Argentina; somos la Universidad pública, gratuita e irrestricta en el ingreso, de excelencia, con libertad y equidad. Somos la Universidad para el gran pueblo argentino. Por eso, lucharemos, en una irrenunciable resistencia democrática y pacífica, por la educación que queremos, por el país que anhelamos”.

La movilización de este martes ocurrió en un terreno que estaba apto para regarse de gente después de largos meses de sequía y de la acumulación de demandas insatisfechas. El aporte del encuestador Federico Aurelio, de la consultora Aresco, es clave para entender el contexto, los protagonistas y la escena que se dio con la multitud movilizada por la educación pública y las universidades.

“El Gobierno se tomó de elementos marginales a la convocatoria para desprestigiarla. Las presencias entre la gente de funcionarios del gobierno pasado y la de connotados dirigentes de organizaciones de derechos humanos en la tribuna junto a los rectores de universidades nacionales fueron en algún sentido funcionales a la estrategia oficial…” dijo Aurelio.

La reacción inicial del gobierno a estas protestas sigue mostrando un desentendimiento alarmante de la situación. En lugar de escuchar y proponer soluciones constructivas, parecen estar atrincherándose detrás de respuestas que sólo sirven para profundizar la división y el descontento.

Es imperativo que el gobierno reconozca y rectifique sus errores en este asunto. No entender la importancia fundamental que tiene la educación pública en la estructura social y cultural de Argentina es pasar por alto uno de los pilares esenciales sobre los que se asienta la estabilidad y el futuro del país. La educación no sólo es un derecho, sino también un punto de encuentro donde todas las diferencias se disuelven en un objetivo común: la formación y el bienestar de las próximas generaciones.

Este es la primera discusión importante en la cual la posición de Milei y del Gobierno es claramente minoritaria. De todas las discusiones que tuvo hasta ahora, el oficialismo en algunas estuvo equilibrado, en la mayor parte había más gente a su favor que en contra, pero en esta su posición fue claramente minoritaria. "Tres de cada cuatro argentinos estaban en desacuerdo con que haya ajuste de las partidas de las universidades”, explicó el experto en opinión pública.

Federico Aurelio también confirma con datos algo que se intuye: “Hay una valoración favorable de la evaluación académica de las universidades públicas y respecto a algunas de las acusaciones que planteó el Gobierno sobre una supuesta mala administración, no está tan claro para la gente que tengan una mala administración”.

“Hay un escudo por parte de la mayor parte de la sociedad, a favor de las universidades públicas, de la misma manera que tiene un escudo hoy Milei en el marco de la crisis económica. Las universidades públicas es algo que la mayor parte de los argentinos no quiere que se toque, por eso Milei enfrenta una discusión donde tenía más para perder, pero igual juega a todo ritmo en todas las jugadas, en las que sabe que va a ganar y en las que sabe que va a perder”, explicó el analista político.

Y subrayó que si bien “no está dentro de los problemas prioritarios de los argentinos, sí son importantes las universidades como símbolo”. “Es un tema que le pega muy de lleno al segmento que mayor apoyo le dio electoralmente y en el que mejor valoración tenía de la gestión, que son los jóvenes y en los niveles socioeconómicos medios y altos. Esto le apunta al segmento que mayor apoyo le daba, con lo cual habrá que ver las consecuencias políticas de este conflicto”, consideró.

Es un escenario que le pone al Gobierno un riesgo en un momento de alto riesgo, por el impacto en la economía real de las medidas de ajuste ultra ortodoxo que viene aplicando, la llegada de los aumentos de tarifas, y la acumulación de reclamos callejeros que ya anunciaron piqueteros y sindicalistas.

La defensa de la educación pública ha demostrado ser una causa capaz de unir a la nación en su conjunto. Subestimar este hecho es no solo un error de cálculo político, sino una falta de visión y sensibilidad hacia lo que verdaderamente importa a los ciudadanos de este país.

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