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Ariel Arnaldo Ortega: De los "cañaverales" al mundo

Hoy en el estadio “Monumental de Nuñez”, se jugó el partido homenaje para despedir a uno de los últimos ídolos riverplatenses: Ariel Arnaldo Ortega. El jugador nacido en Ledesma, provincia de Jujuy.

Hoy fue un día muy especial ya que en el estadio “Monumental de Nuñez”, se jugó el partido homenaje para despedir a uno de los últimos ídolos riverplatenses: Ariel Arnaldo Ortega. El jugador nacido en Ledesma, provincia de Jujuy, recibirá de este modo, una merecida despedida de los hinchas de River, y de todos aquellos jujeños que estarán orgullosos de un ídolo de nuestra “Patria futbolera”.
 
¡ Jujuyyyy! Ariel Arnaldo Ortega, casi gol de River, que cerca que pasó... La pelota salió al lado del palo derecho, cuando el jujeño definió cruzado, con la picardía de un chango jujeño, jugando en medio de un picado entre los cañaverales. Víctor Hugo Morales, agotaba sus metáforas, para describir la gran jugada de la tarde magistral. Nada menos, el relator uruguayo que describió la magia de los más grandes, entre ellos Maradona, Rubén Paz, Bochini, Alonso, Francescoli, y últimamente Palermo. Se desgañitaba gritando tus goles más selectos, tal como lo habrá hecho Hugo Blanzari, relator de LW5 Radio Libertador, aquel que acentuaba las " S" en cada palabra que propalaba. O Martín Ríos que te habrá conocido en su querido ramal jujeño, para ser los primeros que quedaron estupefactos, con cada ocurrencia de tus piernas.

La primera vez que te ví en vivo y en directo, como dicen los medios televisivos, fue en un clásico contra mi equipo favorito. No solo me acuerdo de la humillación de una goleada, como también –que ese día la descosió Isidro Iturrieta- y faltando pocos minutos te hicieron entrar, siendo tan solo un adolecente.

La última vez que ví y escuché los alaridos de júbilo por parte de la gente, fue solo cuando en Gimnasia y Esgrima, armaba desparramos de defensores tu paisano, "el pulga" Alderete, wing izquierdo de movimientos "ardillescos", que supo levantar las tribunas de los años 70.

Cuando jugaste esos minutos, solo atinamos a preguntar ¿quién es ese pibe que acaba de ingresar ? Ahí nos enteramos que te decían "el burrito", justamente por tu padre, quién supo jugar al fútbol por aquellos pagos. Pero en aquella tarde de calor y olor bagazo, le diste un toque de distinción en medio del implacable sol ya del crepúsculo. El griterío de la gente del "trapiche azucarero" era jovial, aunque me sonaba empalagoso.

Tenías 15 prometedores años, cuando Roberto Gonzalo te llevó a River (Roberto Gonzalo...aquel jugadorazo que jugó alguna vez en Gimnasia y Esgrima, y también en Salta, ya convertido para entonces, en director técnico). En Núñez, te esperaba el brasileño Delem (que también había pasado como técnico por el lobo jujeño allá por el ‘86), justamente él te daría el "visto-bueno" para que te quedaras viviendo en la pensión, debajo de las tribunas.

Ya eras orgullo de nuestra provincia (especialmente para la Liga Regional), y nos divertimos tanto, ¡no sabés! , cuando nos enteramos lo que armaste en una práctica, vos como integrante del equipo de juveniles "sparring". Fue cuando te salió el carnaval jujeño del alma. Te mandaste por derecha con tu" jeroglífico" de gambetas, cuando te salió a barrer " el loco" Enrique, y metiste el freno de marcha. "El loco" Enrique fue a parar casi a la pista de atletismo de la cancha de River. Entonces lo encaraste al "Pipa" Higuaín, el zaguero central, padre de sus hijos que le salieron habilidosos. Higuaín te quiso partir en el cruce con una temeraria tijera, pero frenaste, arrancaste y pegaste un saltito para desairar la mala intención del temible marcador central.

Terminaste tirando un centro, luego del desastre en el que dejaste pagando al " Loco" Enrique y al " Pipa" Higuaín. Después nos enteramos que Higuaín, te insultó hasta el último familiar de tu árbol genealógico, diciéndote enajenado: ¡la próxima vez que pases por aquí mocoso, te juro que te mato! Vos agachaste la cabeza como todo changuito "cañero", pero disfrutando por lo bajo. Pensando años después, dijiste: " yo no los sobré, así jugué toda mi vida en los picados".

Ya tenías 17 años, cuando llegaba el momento de decir ¡abran cancha!, aquí estoy yo, para regalarle a los vitalicios y a los nuevos socios, las filigranas que aprendí en mi barrio, muy cercano a la cancha de Ledesma. Ahí en dónde el que perdía pagaba las gaseosas, en esos calores infernales.

Fue así que en la tarde del 14 de Diciembre de 1991, Daniel Pasarella - tu técnico y protector - te mandó a la cancha en Vicente Lopez, frente a Platense.

De tanto ir como relator de fútbol a Buenos Aires, un día sentí en carne propia lo que la idolatría puede con los hinchas de River. Porque, apenas mencioné en la platea que venía de Jujuy, los plateístas me rodearon, para  -por cábala - tocarme, al enterarse que era jujeño, para ver si así, le ganaban a los "bosteros". Lo mismo que me pasó, cuando fui a Córdoba mencionando al "Rana" Valencia, o a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) cuando comenté que era amigo de René Domingo Taritolay.

Lo demás es parte de un cuento, ¡qué digo cuento! , el "Best Seller" de tu vida. Aunque no es menos decir, que tu primer gol se lo metiste a Quilmes en el ‘93, mientras que al año siguiente, comenzaste a ser la pesadilla de Boca.

Por eso, en 1994 , tuviste que reemplazar a Maradona, en ese turbulento Mundial de Estados Unidos. Pura estadística, pero fenomenal certeza que otro diamante Jujuy había parido.

El orgullo de decir campéon, de escuchar el tridente inolvidable: Ortega, Francescoli y Crespo. Así la fiesta se prolongó por la Argentina, América y el mundo. Ariel ya era el nuevo embajador de nuestro terruño.

Italia, España, Turquía, tu vuelta a River en esas idas y venidas por River, tu paso por Newell’s, All Boys, y Defensores de Belgrano. Todo esto en un abrir y cerrar de ojos, en la vida que se nos fue pasando, como el agua y el viento.

De tus problemas con el alcohol mejor ni hablar, porque nadie debe regodearse de una enfermedad, que no eclipsará jamás tu nombre de crack.

Al fin y al cabo, hiciste "capote " como Vicente de la Mata, o el "loco" Houseman, este último tan parecido a vos por sus andanzas y bajones.

Todo eso fuiste y seguirás siendo a lo largo de todos los tiempos. Gambeta, sainete, caño y vaselina.

Además de todo, serás siempre un sueño hecho realidad, para que los "changuitos" de los potreros del Ramal, de la Puna o de los Valles, sepan que el fútbol tiene la generosidad de la pelota, como el pan de todos los días.

Ya te veremos por aquí, entre nosotros, ahora que te vas con tan solo la pena de no haber puesto tu fin en River, el club de tus mayores proezas.

Ya ves, nada a sido en vano, desde aquella vez que le pintaste la cara a Gimnasia, en la cancha de Ledesma con tan solo 15 años.

Quien te escribe, supo de tus fantasías del principio, y el resto de la gente de tu infinita grandeza.

Ariel Arnaldo Ortega, el “Burrito”, el que salió de los cañaverales hacia todo el mundo. Tu anuncio, no fue del retiro, fue más bien tu ingreso, a la mitología de los mejores, de todos los tiempos.

Hasta mañana “Burrito”, hasta el aplauso final de todo el estadio Monumental, hasta la próxima emoción para nuestro futbol jujeño…

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