Deportes | Deportes |

El Olimpismo de Coubertin, entre la educación y la ideología

El atletismo y los Juegos Olímpicos son la manifestación del culto del ser humano, la mente y el cuerpo, la emoción y la conciencia.

Coubertin afirma: “El atletismo y los Juegos Olímpicos son la manifestación del culto del ser humano, la mente y el cuerpo, la emoción y la conciencia. Con la voluntad y la conciencia, las dos déspotas que luchan por la dominación, el conflicto entre ellas a menudo nos divide cruelmente, porque debemos conseguir un equilibrio”.

Por este motivo Coubertin no quería dar una definición de Olimpismo sin ambigüedades, sino que nos llama a reflexionar sobre el significado y el valor del cuerpo humano. El Olimpismo es la colección de todos los valores que, más allá de la fuerza física, se desarrollan cuando hacemos deporte. Este principio contiene los elementos básicos de una teoría moderna de la educación deportiva desde un enfoque antropológico.

Coubertin nos dejó la siguiente paráfrasis de la palabra “Olimpismo”: “El Olimpismo combina, como en un halo, todos aquellos principios que contribuyen a la mejora de la humanidad”. Por tanto, el “Olimpismo” de Coubertin es para todas las personas, independientemente de su edad, profesión, raza, nacionalidad o creencia.

Su característica general es que une a todos los hombres de buena voluntad, con la condición de que se tomen en serio su compromiso con la humanidad. En este sentido, como afirma Hansch Lenks, es “multitolerante”, de modo que no permite que surjan conflictos ideológicos.

La “Educación Olímpica” se compromete a proporcionar una educación universal, es decir, el desarrollo completo de la persona humana, a diferencia de la educación cada vez más especializada que se impartía en muchas disciplinas especializadas. Por consiguiente, solo se puede basar en los valores fundamentales de la personalidad humana.

Coubertin entendía los Juegos Olímpicos como la “celebración de la primavera humana universal” cada  cuatro años, teniendo en cuenta que tanto participantes como espectadores tenían que estar preparados para el festival. Su concepto del proceso de entrenamiento del atleta olímpico se basaba en el siguiente principio piramidal: “Para que 100 personas desarrollen sus cuerpos es necesario que 50 practiquen deporte, y para que 50 practiquen un deporte es necesario que 20 se especialicen; pero para que 20 se especialicen es necesario que 5 logren unos resultados extraordinarios”.

Así pues, la “educación deportiva” divulgada por Coubertin iba dirigida tanto a la gente joven como a la población en general, en la medida que sus miembros incluyeran el deporte en su búsqueda de la expérience personelle (experiencia personal). No veía ninguna contradicción con la idea y el Movimiento Olímpico, puesto que desde el principio combinó sus objetivos educativos y organizativos.

En 1897, los participantes en el segundo Congreso Olímpico en Le Havre se sorprendieron porque no se trataron los detalles de los futuros Juegos Olímpicos sino la divulgación del deporte y la educación física en las escuelas. Incluso después del fracaso de los Juegos Olímpicos de 1900 y 1904, Coubertin dedicó el III Congreso Olímpico de 1905 en Bruselas a comentar los modelos de la práctica del deporte y la educación física en las escuelas y otras áreas de la vida.

Después del progreso conseguido en los Juegos Olímpicos de 1912 en Estocolmo, Coubertin se aventuró a entrar en las universidades, con un congreso en 1913 en Lausana sobre “Psicología y fisiología en el deporte”. Aunque era pedir demasiado a sus colegas del COI, preocupados únicamente por las relaciones deportivas internacionales y los Juegos Olímpicos que se celebraban cada cuatro años, esto era una demostración más de su misión educativa más ambigua y de su independencia .

“Debemos llegar a las masas” era el eslogan con el que reaccionó a la impresión causada por la revolución social. En esta línea, en 1918 afirmó: “No puede ser suficiente que esta Pédagogie Olympique – (pedagogía olímpica) de la que dije recientemente que se basa simultáneamente en el culto del esfuerzo físico y el culto de la armonía, en otras palabras, en el gusto por el exceso combinado con la moderación – se celebre a los ojos de todo el mundo cada cuatro años. También necesita sus “fábricas permanentes”. Esta cita contiene la primera referencia de Coubertin a la “Educación Olímpica”. De manera clara en ese momento estaba convencido de la necesidad de este complejo ideal educativo y de la fuerza conceptual de este ideal.

Lejos de su país natal, utilizó el Movimiento Olímpico para crear una red de Educación Olímpica internacional. Cuando escribió en noviembre que “el Olimpismo no es un sistema sino una actitud mental”, hacía al mismo tiempo un llamamiento a la firme búsqueda de una “Educación Olímpica” en contraste con los modelos educativos tradicionales que, a sus ojos, eran ajenos al deporte.

En 1921 Coubertin intentó ampliar un Congreso Olímpico técnico urgente en Lausana para incluir un evento paralelo sobre la educación deportiva de la clase trabajadora, pero no consiguió el apoyo de la mayoría del COI. Coubertin probó muchos esquemas fuera del COI diseñados para crear ejemplos de estas “facilidades de producción”. Antes de terminar la Primera Guerra Mundial fundó un Instituto Olímpico en Lausana que impartía educación práctica en deporte y temas más generales a los prisioneros de guerra belgas y franceses internados. Pedía repetidamente la construcción de centros deportivos urbanos basados en el modelo de la “gimnasia de la antigüedad” e insistía en el papel democrático de los clubes deportivos en los que, según él, no existían las desigualdades entre los hombres.

Su programa de Educación Olímpica incluía el deporte como materia diaria del plan de estudios para dar al individuo la oportunidad de “adaptar al ejercicio los aspectos buenos y malos de su propia naturaleza” y orientar su vida de acuerdo con esta experiencia. El público en general, como proclamó en su discurso de 1925 al dejar la Presidencia del COI, no debería limitarse a disfrutar del ensordecedor culto a los ídolos deportivos sin participar también en el deporte. Dedicó el resto de su vida exclusivamente a nuevos esquemas educativos.

El 11 de noviembre de 1925 fundó la Union Pédagogique Universelle en Lausanne, que organizaba conferencias, seminarios y otros eventos relacionados con el mandato educativo de la ciudad moderna. También elaboró un Carta de la Reforma Educativa que en 1930 pasó a través de la Liga de Naciones en Ginebra a todos los Ministros de Educación, sin recibir, como era de esperar, una respuesta significativa. Como contraataque específico al declive del deporte como factor significativo en la educación, en 1926 Coubertin lanzó, también desde Lausanne, la Bureau International de Pédagogie sportive que publicaba un boletín anual y una serie de libros, incluyendo las Olympic Memories (Memorias Olímpicas) de Coubertin y una nueva edición de su Pédagogie sportive. Todo ello pasó casi inadvertido para el gran público, si bien Coubertin escribió más de 1.100 artículos y 30 libros (Müller and Schantz, 1991).

Incluso dentro del COI, Coubertin apenas pudo reclutar a unos pocos entusiastas, y a menudo criticaba a los líderes del mundo deportivo por ser consultores técnicos en lugar de defensores del espíritu olímpico. El aspecto educativo del ideal olímpico no pasó a ser de dominio público hasta el prolongado debate sobre la práctica del deporte de aficionados.

Para Coubertin esta cuestión tenía un importancia secundaria: mirando hacia el pasado, uno podría creer que el Movimiento Olímpico pasó todos aquellos años utilizando este problema como una demostración de sus estándares éticos más elevados, del mismo modo que los problemas de dopaje actuales. Coubertin lo veía de manera distinta: él estaba interesado en la actitud interna, moral y responsable del atleta a la que la “Educación Olímpica” iba a contribuir. Coubertin había expresado durante su vida el deseo de un Centre d'études olympiquess (Centro de Estudios Olímpicos) donde depositar sus esfuerzos educativos y, de hecho se creó uno en Berlín entre 1938 y 1944 bajo el control de Carl Diem, con fondos del Reich.


Müller, Norbert (2004): Educación Olímpica:
Lecciones universitarias olímpicas.
Cátedra Internacional de Olimpismo

Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)

Temas

Dejá tu comentario