Dakar 2016

Marcos Patronelli, de andar en motito en la cocina, a ganarle a los nervios y el Dakar

Marcos Patronelli decidió en junio pasado que era tiempo de volver al Dakar, el rally más difícil del mundo que le había dado dos títulos y la posibilidad de meterse en miles de hogares, pero también aquel que lo había enfrentado al miedo más descarnado, como cuando cayó por un barranco.

Esa caída fue el 8 de enero de 2014, tercera etapa en San Juan, el mismo lugar donde este año sufrió otra de la que se levantó para seguir, sumar y ganar su tercer Dakar tras las ediciones de 2010 y 2013.

Aquella vez en San Juan no tuvo reparos en decir “ya sabía que esto estaba mal parido desde el principio. Me ganó el Dakar”, mientras contaba en el campamento que el cuatri había quedado destrozado, unos 400 metros abajo.

En 2015 llegaría un breve paréntesis hasta este año. Dos años antes también había abandonado, porque una grave lesión sufrida en uno de sus tobillos durante una prueba previa al Dakar lo tenía a mal traer y dos etapas después del inicio tenía que anunciar: “Mejor me voy ahora antes de que pase algo peor, tengo un mal pálpito”.

Con mejor pálpito, Marcos dijo que llegaba a este Dakar para “encararlo tranquilo” y quien más había insistido en correrlo había sido su hermano Alejandro, campeón en 2011 y 2012. Sin embargo, sus propios nervios le hicieron perder varios kilos.

“Menos mal que ya terminó. Estoy re contento pero si el Dakar duraba una semana más, iba a seguir adelgazando. Había veces que no me pasaba la comida… A diferencia de Ale, yo soy mucho más nervioso”, le dijo a Télam con total franqueza.

Son esa pasión y esa adrenalina, aún con tantas victorias y ahora tres campeonatos, las que le siguen generando "unos nervios bárbaros” antes de cada especial por más simple que parezca.

“Olvídate. No sabes cómo se me pone el estómago antes de largar. Siento lo mismo que en mi primer carrera. Adrenalina pura”, admitió con una sonrisa. Marcos, quien este año cosechó tres victorias, tres podios, un sexto, un séptimo, un octavo y un 16to. lugar, sintió al principio que “no pegaba una”.

Incluso horas después de ganar la tercera etapa, una diferencia en los tiempos le hizo perder el triunfo. “Estoy feliz porque al principio venía mal y fue un Dakar muy complicado, en el que sufrí la altura de Bolivia y el calor, pero en el que también me divertí mucho con Ale”, subrayó, luego de haber recibido el trofeo de manos del Subsecretario de Deporte y Alto Rendimiento de la Nación.

El menor de los hermanos destacó el valor de su familia que lo acompañó una vez más durante todo el recorrido pero también el de sus amigos, ésos que no ve tanto pero “están” y “el apoyo de todos los argentinos, ésos que estuvieron en cada camino, cada puente, y en cada pueblo”.

Visiblemente más delgado pero feliz, el piloto de Las Flores, que empezó a andar en una pequeña moto cuando tenía tres años por la cocina de su casa entre las piernas de su mamá, hoy piensa en la semana de vacaciones que le van a dar en la fábrica de acoplados de la familia y en la que es un trabajador más.

“Ahora me voy a tomar una semana de vacaciones. Las necesito porque estoy muy cansado. Bueno, la verdad es que podría pedir dos semanas. No sé vamos a ver si me las dan”, se despidió aferrado a su tercer Dakar.

 

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