Jujuy | comercios | capital | Barrio San Martín

Pequeños comercios capitalinos pagan fortuna de luz y sufrieron pérdidas totales

Desde barrios periféricos de la ciudad advirtieron sobre las consecuencias de los cortes prolongados del servicio de energía registrados los últimos días. "Nos cobran fortunas pero ante el primer viento nos dejan sin servicio y perdemos toda la mercadería", denunciaron.

La problemática fue más allá del fenómeno meteorológico ya que desnudó las falencias de la empresa EJESA, con sectores sin servicio por más de 30 horas, situación que derivó en duros reclamos de los usuarios.

A la par, las respuestas de la compañía energética dejaron mucho que desear.

Los inconvenientes se replicaron en distintos puntos de la capital jujeña, afectando a cientos de vecinos.

Barrio San Martín

En barrio San Martín, pequeños comercios familiares registraron pérdidas totales de mercadería tras permanecer más de 48 horas consecutivas sin luz. Ante la falta de respuestas de la empresa EJESA, los damnificados trasladaron su indignación a las calles con una movilización en las inmediaciones del Puente Pérez para visibilizar una crisis que, aseguran, combina boletas impagables de hasta $400.000 con un servicio deficiente y peligroso.

Para los almacenes de barrio, el apagón significó la parálisis total de sus ingresos en días clave de venta.

Una comerciante afectada relató el calvario de sostener un local a oscuras desde el viernes hasta el mediodía del domingo. "Perdí muchísimas cosas, sobre todo los lácteos y los fiambres. No podía vender nada porque la balanza se quedó sin batería y la máquina de cortar no funcionaba. Yo vivo de esto, es mi única fuente de ingreso, tengo que pagar el alquiler y la boleta de luz me llega casi a 400 mil pesos mensuales por un negocio que es súper chiquito", denunció la vecina.

Campo Verde

Vecinos y pequeños trabajadores independientes del barrio Campo Verde relataron el calvario que significó atravesar un fin de semana con cortes de luz prolongados e intermitentes que promediaron las 48 horas de afectación total.

La pérdida masiva de alimentos básicos, la imposibilidad de operar sistemas esenciales como la carga de la tarjeta SUBE y facturas comerciales que oscilan entre los $300.000 y $350.000 mensuales desataron una ola de indignación.

"No tuvimos luz el jueves, el viernes y el sábado. Nos daban energía de madrugada, pero a esa hora no se puede hacer mucho. Todo lo que estaba frisado se descartó. Tengo un niño pequeño y por seguridad tuvimos que tirar al basurero los yogures, la leche y todos sus lácteos", lamentó una madre del barrio.

La vecina describió que el apagón interrumpió las tareas domésticas elementales del fin de semana, como el lavado de ropa tras la jornada laboral, y señaló que muchos optaron por no realizar el reclamo formal ante EJESA por el descreimiento generalizado en las respuestas de la empresa: "Es de ganas, no nos van a decir nada".

9 de Julio

Mercedes, una vecina que reside en el barrio 9 de Julio, contó que tras pasar jornadas enteras sin suministro eléctrico, sufrió la pérdida total de los alimentos que conservaba con sacrificio en su heladera, además de relatar el temor generalizado por la inseguridad en calles completamente oscuras y el peligro latente de un tendido eléctrico que, hasta las últimas horas, permanecía colapsado con cables y postes tirados en la vía pública.

"Tenía comida en mi heladera y se me echó a perder todo; el postre, la carne, todo se descongeló. Nosotros no compramos alimentos para que se nos arruinen. ¿Quién nos repone ahora la comida? Si se rompe un artefacto, nadie nos va a devolver nada. Vamos a tener que volver a empezar de cero", lamentó con angustia.

La vecina recordó además un preocupante episodio reciente producto de la falta de luz: ante la necesidad de alumbrarse y al no tener batería en el celular, encendió una vela sobre el televisor, lo que derivó en un descuido y la destrucción total del aparato. "Esta vez tenía miedo de prender velas, andábamos en tinieblas y encerrados" explicaba respecto a la compleja rutina de los últimos días.

El impacto del apagón se vio agravado por el temor a los hechos delictivos que proliferan cuando cesa el alumbrado público. Como mujer que vive sola, Mercedes describió el aislamiento obligatorio que adoptaron los habitantes de la zona: "Teníamos que estar encerrados por el temor de que alguien nos agarre afuera. Todos los vecinos estábamos metidos adentro, asustados y preocupados".

Dejá tu comentario