“Una adicción llega a consulta cuando generó un malestar significativo en la persona o en su entorno que hace que el mismo se empiece a preocupar por las consecuencias de esa adicción, porque la persona se va aislando, cortando sus lazos sociales y familiares”, sostuvo.
Argüello indicó que las consultas por uso excesivo de tecnología no son frecuentes en “El Umbral”, comentando que a veces “la preocupación es de los padres en relación a chicos más pequeños o preadolescentes que, sumado a ciertas dificultades de la edad, o cambios de la edad, aparece muy acentuado el uso de las tecnologías. Ahí podemos ver aislamiento, que evitan relacionarse, a veces evitan o se resisten a realizar actividades al aire libre o deportes, que los padres consideran que es importante, y eso da lugar a algunos conflictos, tensiones y preocupación de los padres al no poder manejar esta situación”.
Cuando no haya tecnología
En otro momento de sus expresiones, Argüello se refirió a la denominada “nomofobia”, el miedo a vivir sin el teléfono celular, indicando que el mismo se volvió parte de la vida cotidiana y que cada vez son más las actividades que se realizan con el mismo.
“Tenemos acceso a información, entretenimiento, contenidos a los que de otra manera nos sería imposible acceder. Amplió nuestro mundo de una manera muy significativa”, dijo el profesional.
“Cuando uno se habituó tanto a estas actividades, al no tener el teléfono se padece de una especie de malestar, incomodidad, ansiedad por la falta de esas actividades. Para muchas personas, sus lazos sociales, sus relaciones, sus amistades, su reconocimiento, su relación con otras personas pasa en gran parte por las redes sociales, y al verse sin ese medio, sufre de un padecimiento”.
Argüello indicó que no estas situaciones no se perciben de forma clínica debido a que aun no hay abstinencia del teléfono celular en ciertas personas, ya que el mismo nunca hace falta, pero si de pronto “se cayeran todos los servicios o internet, si sucediera algún tipo de fenómeno extraño para que nos quedemos sin estos elementos durante varios días o un tiempo prolongado, quizá empezaríamos a ver los efectos”.
En este sentido, agregó que “no tenemos un síndrome de abstinencia, que es lo que a veces lleva a las personas a consultar o a darse cuenta de que tienen una adicción. Una persona que consume regularmente algo quizá no sufre de los efectos de la abstinencia porque lo posee; puede aparecer un indicador de abstinencia y ese sería un signo para hablar de adicción: que haya abstinencia, un malestar fuerte, significativo, cuando le quitamos el objeto”.
Asimismo, el profesional explicó que “una persona que bebe habitualmente, quizá no en forma problemática, cuando de pronto tiene que suprimir el alcohol tal vez empieza a notar una serie de síntomas de abstinencia: sudoración, insomnio, inquietud, irritabilidad…con los teléfonos celulares no pasa porque los tenemos siempre”.
Para este especialista, la sociedad es tecnológico dependiente, considerando que sería un problema “si de pronto tuviéramos que acostumbrarnos de nuevo a vivir sin la tecnología; es mucho tiempo y trabajo el que nos ahorra y sería un cambio rotundo en nuestros hábitos”.