La devoción de los toreros promesantes
Como cada 15 de agosto se reeditó la fiesta patronal en honor a la Virgen de la Asunción en Casabindo y en este marco se realizó el tradicional “Toreo de la Vincha”, una hazaña que requiere del coraje y valor de cada promesante.
El día comenzó con -10°C en la localidad de Casabindo, pero rápidamente al asomarse el sol aumentó considerablemente la temperatura tornándose una media mañana y tarde más cálidas.
Con los artesanos y los puestos de comidas regionales asentados desde temprano, recién a las 9:30 tuvo lugar el acto protocolar, con la presencia de autoridades provinciales.
Pasadas las 10:00 inició la misa central en la llamada Catedral de la Puna, iglesia construida en el año 1772, que para esta ocasión se ve colmada de fieles. Luego de la celebración tuvo lugar la tradicional “Danza de los samilantes”.
Tras ello dio inicio la procesión con la imagen de la Virgen de la Asunción que fue acompañada por bandas de sikuris provenientes de distintos puntos de la provincia y una multitud de gente.
Bordeando las calles del pueblo se vivió una imponente manifestación de fe, que concluyó con la bendición de los toros.
Aproximadamente a las 14:00 comenzó el popular Toreo de la Vincha en la histórica Plaza Pedro Quipildor.
Cuentan los abuelos que fue en ese lugar donde Pantaleón de la Cruz, hijo del cacique Quipildor Tabarcachi, se sublevó contra la tiranía y la opresión de los españoles, quienes lo arrojaron a los Toros acusándolo de un delito que debía pagar con la muerte.
Pantaleón vestido con sus mejores atuendos llevaba una vincha roja con soles de plata, símbolo de su estirpe, la cual antes de morir ofreció a la Virgen, pidiéndole que liberara a su pueblo.
Es así que en cada fiesta patronal los toreros promesantes reivindican la historia de Casabindo, cumpliendo con una tradición que ha logrado trascender el tiempo y las fronteras.
Cerca de 10mil personas asistieron a la jornada principal de estas fiestas patronales, muchísimos de ellos del interior, así como del extranjero. A pesar de ello, se pudo observar una menor concurrencia respecto al año pasado.
Al finalizar el Toreo, Casabindo vuelve a recuperar la tranquilidad que lo caracteriza, comparado con la algarabía y efusividad de los 15 de agosto. El resto del año, viven allí unas 150 personas.




