Hoy ponemos el foco sobre una realidad que ahoga el bolsillo del jujeño, pero que parece haberse convertido en una costumbre aceptada, aunque profundamente irregular: el voraz cobro de tasas municipales en nuestra capital. La pregunta que se impone, y que debemos hacernos con urgencia, es si hemos naturalizado la ilegalidad. Lo que estamos viendo no es solo una presión fiscal asfixiante, sino una distorsión jurídica total.