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Todo sobre Cabo Verde, el rival de Argentina en 16vos del Mundial

Debutante en una Copa del Mundo e invicto en un grupo con España y Uruguay, la matriz de su plantel es el resultado de un proceso de migración estructural.

La Selección Argentina ya conoce el inicio del camino en la fase eliminatoria del Mundial 2026. El próximo viernes 3 de julio, en el Hard Rock Stadium de Miami, del otro lado del campo no estarán ni España ni Uruguay, como podía vislumbrarse en el plano de la lógica. Como el fútbol puede ser todo menos previsible, enfrente habrá una Selección que, además de emerger como una de las sorpresas en su primera Copa del Mundo, es un fenómeno de la globalización: Cabo Verde.

Invicto en un grupo en el que empató ante los españoles, los uruguayos y Arabia Saudita, el plantel africano configura un producto directo de dos procesos cruzados que se desarrollaron de manera simultánea: la globalización del fútbol europeo, con la proliferación de jugadores africanos formados en lugares como Francia, Países Bajos y Portugal, y la migración estructural de Cabo Verde, una nación que durante décadas eyectó parte de su población hacia esos mismos países.

La geografía postcolonial -se independizó de Portugal en 1975- se puede leer con facilidad en la propia matriz de la delegación de Cabo Verde en el Mundial: 14 de los 26 futbolistas convocados -más de la mitad- nacieron fuera del archipiélago del Atlántico. El mayor exportador es Países Bajos, con seis jugadores, por encima de Francia (3), Portugal (3), Irlanda (1) y Estados Unidos (1).

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Sin academias ni estructura de formación en las islas, Cabo Verde encontró su cantera en una diáspora que duplica su cantidad de habitantes: según el último censo de 2021 tiene poco más de 490 mil personas -se estima que ya superó las 520 mil-, mientras que la cantidad de ciudadanos en el extranjero asciende casi a un millón.

En cierto punto, entonces, se explica por qué la nómina mundialista está moldeada por los barrios de Rotterdam -tres son de allí-, las periferias de Lisboa o los suburbios de las grandes ciudades francesas, sitios en los que crecieron los hijos y nietos de los que emigraron: Pico Lopes, marcador central del Shamrock Rovers irlandés, es oriundo de Dublín; el defensor Logan Costa, de Villarreal, se formó en Francia; Sidny Lopes Cabral nació en la vieja Holanda, debutó en el fútbol alemán y ahora juega en Benfica de Portugal. La lista de citados de Cabo Verde representa el planisferio de un éxodo: una “exportación” de personas cuyos descendientes volvieron con la camiseta puesta.

Porque, en esta mirada, hay una realidad: esta mayoría de jugadores con origen fuera de Cabo Verde eligió representar a Cabo Verde en lugar de esperar un eventual llamado de Selecciones que integran el centro neurálgico del mapa del fútbol. Esa porción más grande se complementa con el otro segmento de los que sí llegaron al mundo en territorio nacional, pero que igual crecieron en el exterior: una identidad ligada a las islas y construida fuera de ellas. Como dos de las figuras, por caso: Diney Borges, nacido en el diminuto pueblo de Tarrafal -poco más de 15 mil habitantes-, pero formado en Portugal y con presente en Emiratos Árabes Unidos, o el atacante Ryan Mendes, del pequeño municipio de Fogo -38 mil personas-, modelado de muy chico en el Batuque FC de Cabo Verde pero emigrado a los 18 al fútbol francés y con posteriores pasos por Inglaterra y Turquía.

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Para dimensionar el mapa alcanza con una mención: Vozinha, el experimentado arquero de 40 años que se lució en el estreno contra España, es el único de los 26 soñadores de Cabo Verde que tiene pasado en la liga local de primera división, con debut en Batuque FC y un breve ciclo en Mindelense. Su historia es la única que contrasta con la naturaleza de la Selección: creció en las islas y emigró de adulto para recorrer ligas de segundo orden como Angola, Moldavia, Portugal, Chipre y Eslovaquia.

Apenas confirmado el cruce con Argentina, Vozinha sintetizó la emoción de un equipo de origen diverso pero con una ilusión conjunta: “Es un sueño para cualquier futbolista jugar con Argentina y contra Lionel Messi. No hay palabras para describir lo que pasa cuando un niño llora delante de nosotros; tal vez estamos aquí como imagen de los más chicos. Ojalá un día los niños quieran ser como un futbolista de Cabo Verde”.

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