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Más relato y más basurales

En Argentina hay más de 5 mil basurales a cielo abierto. El número es simple y contundente. Expone un drama ambiental que, por el momento, no encuentra una solución concreta para avanzar contra una problemática del hoy con graves repercusiones en el futuro.

Este número deja al descubierto la ausencia de ejes medioambientales en la creación de políticas y proyectos de infraestructura de los gobiernos y que han sido una constante que preocupa.

No ha cambiado el rumbo y parece que el desarrollo sostenible y la preocupación ambiental no son una prioridad, por ahora es solo un relato.

No bastaran los esfuerzos para promover la democracia, el libre comercio y la estabilidad si la gente carece de un ambiente donde pueda vivir.

Esta preocupación ha superado el concepto de moda para pasar a ser un elemento imprescindible en cualquier actividad económica, en los medios de comunicación, en el conjunto de la sociedad, con especial incidencia en los responsables políticos.

La política ambiental es la preocupación y desarrollo de objetivos con fines para mejorar el ambiente, conservar los principios naturales de la vida humana y fomentar un desarrollo sustentable.

El factor local, los municipios, se ha constituido en un elemento clave en el tratamiento de la problemática ambiental y la implementación de políticas públicas la tienen que tener como eje.

A los municipios es a quienes corresponde, en primer término, atender los asuntos que afectan e interesan directa y personalmente a las personas en la realización de su vida cotidiana, porque es el que está más cerca, el que tiene al alcance de la mano, el que está en condiciones de conocer en forma personal y de relacionarse con sus actores sin intermediarios.

La literatura moderna entienda que la política ambiental debe materializarse en un contexto heterogéneo marcado por una gran diversidad de ámbitos ecológicos, vocaciones productivas, estructuras sociales y niveles de desarrollo.

Por esta razón, las autoridades y comunidades de cada una de las áreas locales deben asumir la decisión de elaborar la respectiva política ambiental que precise los diagnósticos, desafíos y tareas que deberán abordarse en cada uno de los lugares en que ella regirá.

Cada región de la provincia muestra una realidad ambiental específica, en sus recursos naturales y potenciales, en la diversidad y magnitud de los problemas que debe enfrentar, en las capacidades y compromisos de sus instituciones y en la población

La institucionalidad es fundamental para la construcción de una política ambiental sustentable.

El crecimiento económico no es sostenible sin progreso social y protección ambiental.

El diseño e implementación de una política ambiental, se erige como una condicionante importante para lograr la equidad, el desarrollo económico e indiscutiblemente, el cuidado del medio ambiente.

Dicha política ambiental deberá reunir características de estabilidad a través del tiempo; consistencia con el desempeño institucional.

El éxito de la gestión ambiental deberá fundarse en una clara definición de objetivos y prioridades que, además de ser congruentes con las necesidades reales de la sociedad, sean cuantificables y evaluables.

Hace mucho que Argentina y Jujuy carecen de política ambiental. En todos los conflictos de raíz ambiental por los que hemos transitado en los últimos años lo más notable ha sido el absoluto silencio de las autoridades ambientales.

La evolución de la política ambiental demuestra que uno de los principales obstáculos con que ella se enfrenta radica en la ausencia de un definido marco de distribución y coordinación de competencias entre la Nación y las provincias, y los municipios, para la formulación de las políticas y la aplicación de la legislación ambiental.

El escenario institucional ambiental comprende una serie de reparticiones nacionales, provinciales y locales, con competencias atomizadas, fragmentadas, que en muchos casos se superponen y hasta se contradicen. Esto genera un alto nivel de incertidumbre al momento de formular la política y, especialmente, al momento de aplicarla, lo cual impacta tanto en la calidad de nuestro ambiente como en la dinámica de la economía.

La agenda ambiental está completamente olvidada, un relato no es una agenda ambiental, así que va haber desafíos y cuestiones que resolver por todos los frentes. Cuestiones que nunca han sido encaradas con seriedad, más allá de la sobreactuación y los gestos vacíos para la tribuna.

Es imprescindible trazar una red de observación adecuada, para monitorear el conjunto de indicadores requeridos y, con base a ello, precisar una estrategia integral de cuidado del medio ambiente. Es de esperar que se tome la decisión política de darle, por fin, un trato prioritario a la problemática ambiental.

Las políticas y acciones en materia de ambiente y recursos naturales se sustentarán en nuevos esquemas de corresponsabilidad y participación social, mejorando la información a la sociedad y fortaleciendo las actuales formas de corresponsabilidad ciudadana en la política pública.

El éxito de estas estrategias dependerá de la conformación de una cultura de prevención, aprovechamiento sustentable de nuestros recursos y mejoramiento de la calidad de vida, planteada como una de las principales tareas compartidas entre Estado y sociedad, donde se privilegien la educación, la capacitación y la comunicación.

Hoy es difícil imaginar un proyecto provincial que no integre la protección de los ecosistemas y sus servicios, que exista un compromiso con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero o asuma que el bienestar social exige limpiar el aire, asegurar agua limpia para todos y sanear cuencas hidrológicas

De hecho, no puede hablarse de una estrategia de desarrollo si está fuera la sustentabilidad.

Este vacío se reconoce en varios frentes, entre los que destacan el debilitamiento institucional y presupuestal, el ataque a las organizaciones civiles, la improvisación en programas y proyectos y la falta de aplicación de las reglas e instrumentos de protección ambiental.

El relato o el discurso de campaña, es cortoplacista, es chiquito y con esto lo púnico que queda en evidencia es el tamaño del gobierno, que en este caso es muy chiquito.

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