Fellner: Fin del relato y transición complicada
La estrategia del gobernador de simular gestión llegó a su fin con el cambio de escenario político y económico. Cómo llegar al 2015 sin los votos y sin la billetera.
El primer síntoma de un Estado provincial alejado de la realidad, se refleja en la aparición de los movimientos sociales y el protagonismo que adquiere Milagro Sala, que rompe su esquema de lucha social para irrumpir en la política como resultado de una notoria falta de capacidad del Estado para resolver los problemas de la gente.
La desconfianza del gobierno nacional y ese Estado ausente, también “fogoneó” el fenómeno Milagro Sala y se profundizaron las asperezas de una gestión de gobierno que mostró un perfil indiscutiblemente clientelista y alejado de la sociedad.
La enorme asistencia de recursos del Estado nacional a la provincia de Jujuy, solamente sirvió para sostener una gestión basada en la sobreactuación. El formidable aporte económico no se ve reflejado en 18 años de gestión.
Fellner hizo de la simulación una constante en el ejercicio de su gestión. Esta actitud se tradujo a todos los ministros. Con el paso del tiempo la realidad se impuso al relato y así surge la primera gran crisis en la provincia: el colapso del sistema de salud pública.
El encierro del gobernador y la negación sistemática de los hechos, comienzan a corroer la credibilidad de Fellner, que en medio de la crisis de los médicos puso a la provincia al borde de un estallido social.
La renuncia masiva de médicos del sistema de salud pública. Hospitales en edificios modernos pero colapsados de pacientes que reclaman atención y la falta de insumos, terminaron profundizando la crisis sanitaria con un ministro, que no estuvo a las alturas de las circunstancias.
A Urbani lo dejaron solo; lo utilizaron para sostener el sistema de loby en los negocios con medicamentos y cuando explotó la bomba por la no gestión, le soltaron la mano.
El episodio de Plaza Belgrano en el Día de la Policía, cuando el vice gobernador Guillermo Jenefes amenaza con reprimir a los estatales que pedían un aumento salarial, se transformó en un grave error de enorme costo político. Es la primera señal de vacío de poder, que explica la situación de desgobierno en la actualidad.
Ese costo político lo paga Eduardo Fellner en las PASO, con la pérdida de un 30% del caudal de votos. Sabiendo que en octubre el comportamiento electoral no se iba a modificar, Fellner decide ponerse al frente de la campaña política para recuperar la caída en las PASO.
En realidad, Fellner se plebiscitó y quedó en evidencia su falta de capacidad de gestión. Se suma su actitud soberbia para escuchar los reclamos de la sociedad y las advertencias de la militancia justicialista, que reclamaba al gobernador tomar decisiones para no profundizar la caída de su imagen.
A pesar de ponerse al frente de la campaña política, de hacer anuncios grandilocuentes como la construcción de la Ciudad Cívica con una inversión de 650 millones de pesos y la apuesta en una millonaria campaña política, la estrategia de Fellner terminó generando un efecto boomerang de cara a las elecciones de octubre.
Con la derrota electoral consumada, el gobernador pierde un diputado nacional en medio de un contexto inflacionario insostenible y un escenario complicado desde el punto de vista económico para la provincia.
Fellner además de dilapidar un legislador nacional y de no tener plata en las arcas provinciales, pierde sus fuerzas para gestionar en Buenos Aires ante la administración K, que también se repone de un golpe electoral muy duro y tiende a reencaminar el rumbo político reconociendo errores propios y ajenos.
Esta actitud autista de negación de la realidad es una constante del gobernador en las situaciones adversas, apelando al eterno recurso de llamarse al silencio y esperar que las agitadas aguas se calmen para salir nuevamente al ruedo.
Con el documento de la Iglesia instalado, denunciando el avance del narcotráfico en la Argentina y teniendo en cuenta que Jujuy y Salta son provincias fronterizas, que captan la mirada y el comentario de todo el arco político del país, Fellner no tiene reacción y se aleja de la realidad y de los problemas agobiantes de la provincia.
Como única repuesta ante tamaña advertencia de la Iglesia, el avance del narcotráfico y el consumo de sustancias tóxicas en la provincia, le asigna en el presupuesto 2014 a la Secretaría de Lucha contra la Drogadicción, apenas el 2% de lo que invierte en gastos de publicidad suma que llega a los 40 millones de pesos. Otro grave error político del gobernador, que no sabe dar repuesta a los planteamientos de la sociedad.
El contexto inflacionario toma mayor temperatura en el país y se traduce inmediatamente a las provincias, no solamente con reclamos gremiales, sino también con reclamos de las fuerzas de seguridad. Córdoba se sorprende con la sublevación de la policía y los saqueos que aterrorizaron a la población.
Algunas provincias Advierten el efecto dominó y comienzan a tomar medidas para evitar estallidos como Buenos Aires o Salta.
En otras provincias, como Jujuy, no se advierte de esta situación, por el contrario la arrogancia se adueña de Fellner y de su ministro de Gobierno Oscar Insausti, quienes salen a plantear que no existe posibilidad de rebelión de las fuerzas de seguridad. Tamaño error los sorprende a Fellner y a Insausti y terminan negociando con los policías rebeldes un salario impagable y con el agregado del efecto contagio hacia otros sectores de la administración pública.
Por otro parte, la firma del documento “Por la Paz”, propuesto por el Obispo César Fernández, significó llamar a todos los sectores sociales. No convocar a los más combativos, deja en descubierto hasta dónde llega el compromiso de Fellner a trabajar por la paz.
Trabajar por la paz significa convocar a los que piensan distinto, escuchar con humildad, y poner los números de las cuentas públicas con generosidad. Como es el caso de la experiencia de Miguel Tito, ex intendente de La Quiaca, que en varias oportunidades, decía que cuando él tenía conflicto en el municipio, salía a negociar con los gremios, con los números en mano, cuánto recibía de la provincia, cuánto recaudaba el municipio y en qué se gastaba y en base a ello se acordaban salarios sin alterar la paz social.
El gobernador de la provincia, tras la derrota electoral y en un contexto económico complicado, debe enfrentar el 2014 y llegar al final de su gestión con un panorama mucho más claro.
El rumbo político de la provincia y de la gestión, no cambiará seguramente y las alternativas que tiene Fellner hacia el 2015, son dos. La primera seguir rodeándose de la misma gente que lo “acompañó” en estos dos años de gestión. De esta manera, asistiremos a la misma película, es decir solamente una gestión “paga sueldos”.
La otra alternativa es provocar un giro de 90 grados en su forma de actuar y pensar, aprovechando el escenario de paz social. Sincerar las cuentas del Estado, mostrar la realidad social y económica de la provincia, tal cual son. Hacer un borrón y cuenta nueva y cambiar de actitud ante la sociedad que demanda diálogo y exige que se escuche a los que piensan distinto.
De esa manera, no solamente la provincia podrá tomar otro rumbo, sino que se podrá garantizar la continuidad de un modelo en el tiempo. De lo contrario, no se podrá impulsar un proyecto de crecimiento independiente y se eternizará la dependencia económica con la Nación.
Fellner no tiene un proyecto de provincia. Jujuy ha tenido ventajas económicas importantes para iniciar el crecimiento basado en los recursos propios. El aporte de la Nación durante estos años, en materia de recursos, ha sido muy importante y el gobernador ha desaprovechado este privilegio porque no supo plantar los cimientos para el despegue.
Fellner ha perdido la oportunidad histórica de refundar Jujuy.

