Repudiar la violencia… con más violencia
La indignación por el ataque al indefenso perro agredido en el micro centro se salió de cauce; los supuestos animalistas armaron un escrache que excedió los límites, causó desmanes y utilizó como método las mismas formas violentas que pretendían repudiar. Una lástima.
Si bien no se conocen encuestas con mediciones serias sobre el cariño que tiene la sociedad del Siglo XXI por las mascotas, podría decirse que el repudio al maltrato animal es prácticamente unánime.
Los pocos inadaptados y violentos que ejercen el maltrato contra seres adorables con cuatro patas y una cola que se menea para expresar alegría ante nuestra presencia, no son más que la excepción que confirma la regla: vivimos en una sociedad que en su gran mayoría ama los animales.
Esta certeza palpable en el sentir de la gente, no implica permanecer indiferente ante la repudiable agresión que sufrió un perro callejero que hurgaba en la basura de un reconocido restaurante del micro centro de San Salvador de Jujuy.
Pero la movilización urdida desde ayer en las redes sociales para escrachar la cuestionable actitud emprendida por el desafortunado mozo y su pésimo jefe ocasional, pareció poco menos que una exageración.
La masiva concurrencia al insólito escrache llamó la atención de quienes observaban azorados tantas ganas contenidas para gritar a los cuatro vientos su amor por los animales. Sorprendió además tantas personas con tiempo disponible, en una sociedad que exige esforzarse cada vez más para sostener un nivel de vida decoroso.
Pero la escena final, directamente fue una lástima: el frente y las veredas del local en cuestión acabaron pintados con insultos, inundado de basura y huevos en sus paredes. Según algunos testigos, los ocasionales comensales, desprevenidos del curioso episodio, también se llevaron “de arriba” algunos improperios por parte de los frustrados “defensores” de los animales.
La protesta terminó por convertirse en un monumento a la incoherencia por parte de personas que profesan la paz y el amor, y utilizan la violencia para imponerla.
La Argentina de hoy parece estar reclamando algo distinto. El momento de nuestro país necesita tolerancia, respeto e inteligencia. Tales características son exigibles para quienes detentan responsabilidades mayores, como para quienes forman parte de una ciudadanía que debe evolucionar.
El escrache terminó en violencia, y los gestos de amor terminaron siendo tan irracionales como el mozo que vació de agua hirviendo al pobre animal. Una lástima.

