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Perros y gatos en geriátricos, ¿por qué no?

La soledad de nuestros mayores puede aliviarse con los animales de compañía.

La soledad es la principal causa agravante de las condiciones deletéreas de la vejez ya que es la causa de un aumento significativo en el deterioro gradual de sus funciones emocionales, motoras y sociales.

Compartir el tiempo con un animal puede ser una buena solución a tener en cuenta. El aumento de la esperanza de vida hace que aumente la cantidad de hogares unipersonales por ausencia de uno de los cónyuges y por independencia de los hijos.

Esta soledad, en la última etapa de la vida, involucra incomunicación, infelicidad y consecuente deterioro físico y psicológico. Por este motivo tener un animal de compañía puede ser una de las mejores ideas para paliar estas situaciones.

Los cambios de biorritmos, de las rutinas y la disminución de las obligaciones pueden hacer una mella peligrosísima en la salud de las personas mayores que viven solas. No disponer de objetivos ni de acompañantes puede hacer, no solo que todos los días sean iguales, sino que todas las horas sean un calco de la anterior.

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Los animales aportan sus propios ritmos vitales a los que hay que acoplarse. Hay que alimentarlos, sacarlos a pasear, vigilar su salud, en fin, atenderlos. Todo esto fomenta en la persona un estado activo de vida que impide el abandono del propio estado de salud y favorece su vida de relación.

A pesar de que lo apuntado parece muy lógico y aunque se hayan observado en los geriátricos los efectos benéficos de la presencia de un animal comunitario, una arcaica legislación argentina prohíbe los animales en los geriátricos. Insólito pero real y concreto.

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En el siglo XXI habrá que convencer al burócrata de turno para beneficiar a la gente y no al cumplimiento de retrógradas normas. En los casos particulares la tarea de elegir bien el animal de compañía para una persona mayor que vive sola amerita pensarlo muy bien.

La decisión implica una revolución total en el ritmo de vida y hay muchas repercusiones a mediano plazo tanto para la persona como para el animal. Una de las cosas a tener en cuenta es que, si pasados unos años el animal desaparece, será un impacto muy negativo en la calidad de vida del anciano, especialmente a nivel emocional y que también repercutirá en lo físico y en lo social.

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La decisión es muy personal y aunque el desarrollo de esta relación siempre es impredecible, es muy provechoso tratar de equiparar las edades de ambos para que pasen el máximo de tiempo juntos.

FUENTE: Infobae

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