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Milagro Sala condenada ¿y ahora?

Aunque se trate de poderes del estado independientes, la condena judicial a la líder de la organización Tupac Amaru representa un triunfo para el gobierno de Gerardo Morales, y es quizás el único hecho concreto de su gestión.

Ya está. El gobierno lo consiguió. Denunció a Milagro Sala hace tres años y logró que un tribunal desarrolle un proceso que, pese a las desprolijidades y los cuestionamientos de los abogados defensores, se guió por reglas jurídicas ajustadas a derecho y culminó con su condena a 13 años de prisión.  

Ahora, ¿cómo sigue la vida después de Milagro Sala?

Esa pregunta probablemente esté dando vueltas en las cabezas más lúcidas dentro del oficialismo provincial.

Buena parte de la plataforma electoral que le permitió a Gerardo Morales y a la alianza Cambia Jujuy acceder al poder por una amplia mayoría fue su confrontación abierta contra la dirigente kirchnerista.

De hecho, cuando se le requiere a los fundamentalistas del oficialismo que destaquen un logro de la gestión Morales, el 99,9% habla de “la recuperación de la paz social”. 

Dicha afirmación es la versión políticamente correcta de “haber encarcelado a Milagro Sala”, aunque esa respuesta camine por el límite de la división de poderes del estado. 

El gran desafío ahora para la gestión de Gerardo Morales es mostrar algo más.

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Con las encuestas en la mano, los moradores del Palacio de San Martín 450, analizan sin solución de continuidad lo que será el derrotero político con vistas a las elecciones generales.

Los números que arrojan las secretas capetas la siguen mostrando a Milagro Sala con una imagen negativa superior al 80%. Es la adversaria ideal.

Desde su llegada al poder, el gobierno absorbió a lo que quedaba de oposición, salvo escasas excepciones. Entendían que esto era fundamental para su proyecto de “construcción de poder”. Con el tiempo se demostró que no fue la mejor estrategia. 

Con Sala encarcelada, Morales se dio cuenta que se había quedado sin enemigos. Primero apuntó a los medios de comunicación, y por momentos cambiaba su rol de mandatario y se colocaba el overol de editor, pero los medios no compiten electoralmente: otro problema a resolver.

Más tarde, la justicia de la provincia condenó a Milagro Sala, y sin dejar que la pelota toque el piso, con una nueva volea los magistrados vernáculos le tiraron por la cabeza una nueva prisión preventiva, ahora por la llamada “Megacausa”.

Con esto Morales ganará un par de meses. Mientras, sus alfiles hablarán y propalarán por redes sociales este singular logro gubernamental para que Sala, después de tres años, sea nuevamente la enemiga a vencer.

Pero la dirigente, devaluada y encarcelada, es una enemiga tan abstracta como inocua. 

A todos los problemas que enfrenta el gobierno los atraviesa una directriz común, un alarmante amateurismo, no solo a lahora de gestionar, sino también a la hora de leer y sobre todo entender los problemas.

Funcionando como un grupo de autoayuda, los radicales repiten autoconvencidos que en Jujuy la corrupción terminó cuando encarcelaron a Milagro Salta, pero el resto de los jujeños perciben extraños tufillos llenando de hedor algunos despachos gubernamentales.

Los slogans de transparencia y gobierno abierto no han sido suficientes para despejar las sospechas de ilícitos de una administración que al día de hoy no puede explicar a quienes les entrega los negocios en el estado, y porqué mientras más cerca del poder su ubican sus funcionarios más alto y opulento es su nivel de vida. 

A fines de 2018, un funcionario hacía sentir su molestia por una crítica de este medio, horas después de haber pasado por una concesionaria de autos importados en la ciudad de Salta, dicen, para cerrar el cambio de vehículo, tras un arduo año de trabajo.

Su líder tampoco parece demasiado interesado en dar el ejemplo cuando se ausenta de Jujuy para viajes de placer sin informarlo en los boletines oficiales, y cuando usa el avión de la provincia sin publicar un reporte de los objetivos y la pertinencia de cada vuelo, en un contexto de crisis. 

Milagro Sala, antes de ser condenada, pidió con desesperación al periodismo que “vean los autos, las camionetas, las casas y los terrenos”, de los flamantes funcionarios. 

Eso no la exime de culpas, pero deja expuestos a quienes el lunes celebraron la sentencia que la confinará durante años en prisión.

 

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