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El desagradable uso político de la pobreza

Durante la presentación del acuerdo entre el gobierno y el Banco Nación para que la entrega de alimentos a familias de escasos recursos se realice por medios electrónicos, los funcionarios y una candidata del oficialismo expusieron a los beneficiarios de forma innecesaria  para sacarse una foto.

La dirigencia política en Jujuy tiene aprehendidas ciertas prácticas que, aunque se hayan naturalizado, caminan por sobre los límites de la ética, y con la experiencia que aportan 37 años de democracia, se tornan francamente despreciables para quienes las presencian.

Lo sucedido en el salón blanco de Casa de Gobierno durante la entrega de tarjetas alimentarias para personas que, por sus situaciones personales, necesitan que el estado les provea alimentos, fue una pequeña muestra de esa mala costumbre enquistada en quienes forman parte de la dirigencia política.

Luego de presentar el acuerdo entre el gobierno y el Banco Nación para realizar la entrega de los alimentos del Plan Social Nutricional Provincial (PLASONUP) por medios electrónicos, el locutor oficial de casa de gobierno invitó a parte de las personas que reciben el beneficio y se encontraban en el lugar, a posar junto a funcionarios que se mostraron como sus benefactores.

La primera fue la ministra de desarrollo humano, Natalia Sarapura. Luego se retrataron la secretaria de asistencia directa, Marta Russo Arriola, el delegado del ministerio de desarrollo humano de la nación, Carlos Toconás, el gerente del Banco Nación, Ramón Basualdo y la diputada nacional Alejandra Martínez, quien además es candidata a intendenta de Perico y fue denunciada por el manejo de la ayuda social en su ciudad.

Cada uno tenía asignada una persona, que la voz oficial invitaba con nombre y apellido.

Los rostros de incomodidad eran notables en las personas, que aceptaron con timidez el retrato. Hubo madres con sus hijos en brazos junto los funcionarios sonrientes.  

El peronismo utilizó exactamente las mismas formas durante los años que gobernó Jujuy, desde el regreso de la democracia. El radicalismo se cansó de acusarlo por el aprovechamiento político de la pobreza antes de la asunción de Gerardo Morales en el poder.

Sin embargo, el propio gobernador también se presta para ese tipo de imágenes, patéticas para quienes entienden que los ciudadanos son sujetos de derechos y que los funcionarios son servidores – bastante bien pagos – que deberían ocuparse de que los reciban sin exhibirlos.

La situación de una persona que no logra reunir por sus propios medios los ingresos suficientes para adquirir los alimentos necesarios para alimentar a su familia probablemente no sea de las más agradables. Es posible que, si les dieran a elegir, eviten mostrar con “orgullosos” que el gobierno les entrega mercadería.

En su libro “Escándalos éticos”, el renombrado consultor de la ONU, Bernardo Kliksberg, asegura que las personas en situación de vulnerabilidad suelen decir que lo que más les molesta de la pobreza es la mirada de desprecio con que las observa el resto de la sociedad, la falta de empatía que hay sobre sus situaciones personales.

Una y otra vez, la dirigencia política expone a quienes reciben beneficios del estado, a los que acceden porque manifiestan alguna vulnerabilidad. No importa de qué partido sean, salvo honrosas excepciones, todos suelen hacer lo mismo.

La foto del salón blanco puede ser anecdótica, si se observa la alarmante falta de claridad con la que el gobierno actual maneja la ayuda social. Sin embargo, es claramente un síntoma de su distorsionada imagen de la vocación de servicio.

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