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Conductas adolescentes que desnudan la precariedad del poder en Jujuy

Dos de los dirigentes de mayor peso en la provincia expusieron rencillas personales, propias del ámbito privado, en medio de una de las discusiones más atrapantes de los últimos tiempos en el país, rozando el papelón frente a toda la ciudadanía.

Innecesario. Triste. Insensato. Inmaduro. 

El papel de dos de las figuras políticas más importantes de Jujuy, durante uno de los debates más sensibles para la sociedad argentina, estuvo cerca de inscribirse en la lista de papelones recordados de la historia reciente. 

El senador Guillermo Snopek, de quien no se recuerdan grandes intervenciones legislativas pese a que fue diputado provincial, diputado nacional, y ahora senador, eligió una de las sesiones más importantes en la historia de la Cámara Alta del Congreso Nacional, para exponer una disputa personal, que no será abordada en estas líneas porque nada tiene que ver con su gestión y se circunscribe al ámbito privado. 

El blanco de su ataque, nada menos que el gobernador Gerardo Morales, desechó ese sabio consejo popular que reza que “el silencio es salud”, y utilizó una de sus redes sociales, la que habitualmente usa para comunicar actos de gestión, para responder y amplificar el desatinado cuestionamiento de Snopek. 

Sólo puede añadirse para información del lector que, desde que ambos se convirtieron en familia política, los comentarios sobre lo que hacen en su intimidad tienen más trascendencia que su tarea en representación de los jujeños. 

Ambos decidieron hacer públicas sus diferencias, nada menos que durante el debate por el proyecto para legalizar la Interrupción Voluntaria del Embarazo. 

Pero el despropósito se da, además, en un periodo difícil para la provincia y el país, donde los problemas económicos redundan en dramas sociales, estructurales y emergentes. 

Con esta realidad de fondo, dos de las personas con más herramientas para cambiarla, eligen exponer sus miserias frente a todos, haciendo que buena parte de la ciudadanía empiece a preguntarse: ¿en manos de quién estamos?

 

 

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