Aquella madrugada de enero no hubo advertencia, no hubo tiempo ni reacción; cómo responder ante el devastador grito de la "Pacha" amenazando con barrer a la humilde Volcán del mapa.
Toneladas de agua, barro y piedra engulleron por completo las 150 hectáreas que comprenden la histórica localidad quebradeña, llevándose consigo las almas de cuatro infortunados y desplazando de sus hogares, hasta no hace mucho tiempo, a los vecinos, en su mayoría perdiendo toda pertenencia.
Bárcena, Volcán, Tumbaya, todo el departamento padeció el aluvión, pero todos los jujeños sufrieron por igual. Como era lógico el apoyo de Nación con fondos y maquinaria llegó eventualmente, Vialidad Provincial hizo lo propio evitando réplicas posteriores, pero fue el corazón solidario todos los argentinos el que se puso a la vanguardia de la reconstrucción.
Hoy Volcán luce nuevas construcciones, viviendas y comercio modernos se entremezclan con la belleza de un pueblo paralizado en el tiempo. Recorriendo la Ruta 9 da gusto posar la mirada, mucho más bajar del vehículo y recorrer las callecitas silenciosas que se extienden hasta los márgenes del Río Grande.
Es cierto que las viviendas se recuperaron, el vecino volvió a su casa y rehízo como pudo su vida. Es cierto que el comerciante pudo abrir y eventualmente recuperar la clientela.
También es cierto que aquella tragedia como no se había visto en al menos 40 años dejó una cicatriz tan profunda como el tiempo que llevará recuperarse por completo.
Hoy Jujuy recuerda esa fatídica madrugada, eleva una plegaria por aquellos que no están y celebra la recuperación de un anfitrión esencial del recorrido hacia el norte.
¡Fuerza Volcán! Ejemplo de superación porque “Un pueblo no está acabado cuando cae, si no cuando deja de levantarse”.