Jujuy | visita internacional |

“Convivo con el dolor”, dijo la madre de Luca Arias ante la ONU

El grupo de personas autodenominadas “víctimas de Milagro Sala”, expusieron en forma breve ante los representantes de Naciones Unidas sus experiencias; al término de la reunión mostraron decepción por haber percibido desinterés por parte de los visitantes.

En el inicio de la segunda jornada de visita de los representantes del Grupo de Trabajo sobre detenciones arbitrarias de la ONU, fue el turno del grupo de personas autodenominadas víctimas de Milagro Sala. 

Se trata de hombres y mujeres que aseguran haber recibido tormentos, golpes, amenazas y la quita de sus viviendas, a instancias de la líder de la organización Tupac Amaru, en sus años de mayor poderío político y económico. 

La reunión fue breve en las instalaciones de un hotel céntrico, y al término de la misma las víctimas no pudieron ocultar su decepción ya que, según manifestaron, notaron desinterés en los expertos enviados por la ONU, quienes se habrían limitado a escucharlos sin emitir pregunta alguna. 

“En Jujuy somos cientos de víctimas y creemos que todos debemos ser escuchados, nos han vulnerados los derechos humanos, recibimos desde golpizas, quita de viviendas, al hijo de Rosalía Reyes le han quitado la vida”, dijo Víctor Mendoza, referente del grupo.

Se refería al dirigente Luca Arias, quien recibió una golpiza en un despacho oficial, la cuál habría sido propinada por la dirigente, en una suerte de emboscada contra Arias en un despacho público. 

El joven mantenía diferencias con la conducción de Milagro Sala. Tras recibir los golpes permaneció internado durante meses y finalmente falleció, aunque nunca pudo comprobarse que su deceso se deba a la golpiza. 

Su madre, Rosalía Reyes, forma parte del grupo de víctimas. 

“Él fue entregado en un edificio público, era un luchador social y una persona preparada, hoy el dolor es mi compañero, cuando te quitan un hijo es imposible de superar”, dijo la mujer con la voz quebrada.

La salida de los expertos del grupo de trabajo de la ONU, tras el encuentro, fue tumultuosa. 

De forma incomprensible, y pese a contar con traductores, los enviados por Naciones Unidas se negaron a tener contacto alguno con la prensa y los guardias de seguridad incluso amenazaron a los periodistas que intentaron, en forma insistente, dialogar con ellos. 

 

 

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