Paren la mano que el mundo no se termina
Precios llamativamente altos en la quebrada causaron comentarios en muchos visitantes que hicieron notar súbitos aumentos en la gastronomía y hotelería de la región. Estamos en temporada alta pero ¿se justifica?
Hasta el momento los números de visitantes y de pernocte en San salvador de Jujuy están siendo más que auspiciosos, pero faltan ajustar algunos detalles para que la temporada sea exitosa.
Cerrando la primera semana de vacaciones de Buenos Aires, considerado el gran centro emisor, San Salvador registra una ocupación promedio del 80%, cifra considerablemente superior a la temporada invernal 2016.
La Secretaría de Turismo trabajó en el primer semestre para instalar a nuestra capital y a la zona de ramal como destinos relevantes, la Quebrada sigue siendo el gran polo de atracción.
Tilcara y Purmamarca son las joyas de la quebrada turísticamente hablando: visitantes del todo el orbe llegan a disfrutar sus mágicos paisajes y vivenciar la calidez y rica cultura del jujeño.
Pero no todas son buenas. A pesar de la ocupación plena de estos destinos y del incesante tráfico de visitantes, una avidez desmesurada de hoteleros, gastronómicos y artesanos, atenta contra el posicionamiento de la región como destino turístico familiar y para todas las clases sociales.
Antes de bajar del vehículo al turista se le exige una tasa de estacionamiento elevada por la ocupación de un espacio público. Ni hablar de bares y restaurantes que, en alguno casos, aumentaron el precio de sus cartas entre $50 y $75 por plato en menos de 12 horas, lo que demuestra una clara intención de aprovechar la temporada a como dé lugar.
Hoteles que cuestan más de 200 dólares diarios exigen una estadía mínima de dos noches, y cenar o merendar en estos establecimientos hace mella en cualquier presupuesto, con lo que indudablemente, muchos turistas se ven obligados a acortar sus vacaciones para compensar el elevado gasto.
Ante el aumento desmedido de precios y la falta de propuestas intermedias, no podemos dejar de preguntarnos qué imagen queremos vender al resto del país y al mundo, pero por sobre todas las cosas, cómo queremos posicionar nuestra belleza natural en el mercado turístico internacional.
No podemos más que solidarizarnos con la gente de la región por los problemas que sufrieron durante la temporada veraniega, pero también es dable discutir si tratar de salvar el año en un mes a costo de hipotecar el futuro turístico de una región que necesita las fuentes de trabajo y los recursos genuinos de una industria sin chimeneas como es el turismo es la mejor opción.


