Turismo

De Humahuaca a la selva: naturaleza imponente y 10 mil años de historia

Con la inauguración de la ruta que une los pueblos de Santa Ana y Valle Colorado se abre la posibilidad de realizar una inédita travesía en Jujuy: viajar desde los cerros de colores de la quebrada de Humahuaca hasta la frondosa vegetación de las Yungas, durante 237 kilómetros de regiones exóticas, con pueblos que conservan el mismo estilo de vida desde hace varios milenios

“Hay que hacer este camino al menos una vez en la vida”. 

La frase que soltó el gobernador Gerardo Morales en el escenario ubicado al pie de un cerro en la bella localidad de Santa Ana – le dicen “la linda” – tiene argumentos donde afirmarse. 

La quebrada de Humahuaca, patrimonio de la humanidad, es una marca registrada. La magia del cerro de siete colores en Purmamarca es un clásico, y el cada vez más famoso Hornocal está de moda pero quiere instalarse para siempre a fuerza de belleza. 

Pero Jujuy, sin embargo, tenía escondido detrás de sus principales atractivos, más de 200 kilómetros de paisajes imponentes que se desenchufan del estrés urbano e irradian una energía que parece por un instante alargar la vida. Al menos eso transmiten las mujeres del pueblo colla que conservan su forma de vivir (basada en la agricultura y la ganadería), y de vestirse (con coloridos diseños exclusivos de llama) desde hace miles de años. 

Ese pasaje, que comienza con cerros multicolores que son como la espalda de la quebrada, se va transformando en exuberante selva con el correr de los kilómetros que se meten en las profundidades de Jujuy. 

Ambos extremos permanecieron durante años interrumpidos por la roca que erige los cerros en medio del camino. 

Hace 29 meses, la dirección provincial de vialidad se dispuso a quitar ese obstáculo. 

Como si fueran la terraza de dos edificios diferentes, los pueblos de Santa Ana y Valle Colorado se miraron durante años a lo lejos sin poder tocarse, sin lograr conectarse, a menos que fuera por el paso de las mulas o las caminatas a pie de entre 12 o 20 horas.

Para unir el tramo que faltaba y poder enlazar así el corredor, hicieron falta kilos de dinamita que volaron en pedazos pero de forma controlada las formaciones rocosas. 

Luego con el relleno que se fue levantando desde el pie hasta la mitad de los cerros, se consolidó la cornisa que hizo posible rodear la montaña y construir el camino, al lado del precipicio, que permite ahora sí que un vehículo potente se desplace por allí. 

Tanto en Santa Ana como en Valle Colorado, la gente se entusiasma con la posibilidad de que a partir de ahora los turistas empiecen a llegar. 

Se muestran dispuestos a recibirlos, y ensayan gestos de hospitalidad con la multitud que llegó en camionetas para el corte de cintas del flamante camino. 

Pero ese tránsito todavía precisa el desarrollo de más infraestructura. 

Si hasta hace algunos meses el camino ni siquiera estaba construido, hablar de la posibilidad de pavimento para que cualquier auto sin doble tracción pueda recorrer los exóticos miradores ubicados a más 4 mil metros de altura sobre el nivel del mar, suena a utopía. 

Sin embargo, hoy esa alucinación está un poco más cerca de la realidad. 

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