Hoy habla de tomar decisiones y de analizar pedidos sectoriales como si acabara de asumir, ignorando deliberadamente que su gestión es la continuidad de un modelo que lleva diez años desgastando la paciencia de los jujeños. ¿Recién ahora se da cuenta, gobernador? ¿Qué pasó con las miles de cartas, expedientes cajoneados y reclamos de vecinos que piden dignidad?
Tras diez años en el poder, Sadir pidió mayor cercanía con la gente
Resulta realmente asombroso —por no decir una falta de respeto a la memoria colectiva— que, después de una década enquistados en las estructuras del poder, el gobernador Sadir parezca haber tenido una epifanía sobre la complejidad que atraviesan el país y la provincia.
Resulta cínico hablar de “diálogo como único camino” cuando lo que se ha visto es una imposición sistemática de decisiones, donde la única voz que parece importar es la del poder político que lo precedió.
Usted heredó un gabinete que no le pertenece: un equipo de la era Morales que carece de credibilidad y arrastra prácticas marcadas por la soberbia. La inseguridad en Jujuy no es una percepción, es una realidad creciente, con una provincia atravesada por el avance de la droga y una fuerza policial sin rumbo claro.
Mientras tanto, docentes y personal de salud —que sostienen servicios esenciales— sobreviven con salarios bajos y condiciones cada vez más difíciles, viendo cómo el presupuesto se diluye en gastos que poco tienen que ver con las urgencias reales.
A esto se suman licitaciones de transporte cuestionadas, que perpetúan a las mismas empresas prestando servicios deficientes. Si realmente busca recuperar la confianza pública, no alcanza con pedir compromiso: hace falta tomar decisiones de fondo.
El tiempo de las promesas ya pasó. Jujuy necesita una renovación real, no el reciclaje de nombres dentro de una estructura agotada. Hace falta abrir paso a nuevas ideas, con mayor sensibilidad social y capacidad de gestión.
La ciudadanía no espera más diagnósticos ni análisis: espera respuestas concretas. Porque lo que está en juego no es solo la administración de recursos, sino la capacidad del Estado de estar presente.
El avance de la droga en barrios de San Pedro, Perico y la capital marca un límite que ya no admite excusas. La realidad no se observa desde una oficina: se vive en las calles, donde el miedo y la falta de contención son cada vez más visibles.
Gobernar exige presencia. Exige salir del escritorio, recorrer el territorio y asumir el control en los lugares donde el Estado hoy no llega. La autoridad no es un cargo, es una acción sostenida en defensa del ciudadano.
Mientras el gabinete permanece encerrado en internas y formalidades, la problemática social avanza. La falta de respuestas concretas genera una sensación de abandono que se profundiza día a día.
Los jujeños no quieren más promesas ni mesas de diálogo que dilatan soluciones. Quieren ver a sus funcionarios en el territorio, enfrentando los problemas con decisión y compromiso real.
Es momento de elegir: o se gobierna al lado de la gente, con presencia y decisión, o se continúa administrando una crisis que ya desbordó todos los límites.

