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Las zapatillas desplazan al calzado de cuero

El fuerte incremento del uso de las zapatillas de la mano de la tendencia "athleisure", término usado para referirse a la indumentaria diseñada para hacer deportes pero que se usa en otros ámbitos, comenzó a desplazar al calzado de cuero en todo el mundo y en algunos países, como Estados Unidos, ya causa desbarajustes en la industria del cueros y alimentaria.

En Estados Unidos, las hamburguesas y la industria del calzado tienen una especie de relación simbiótica: la segunda compra muchos de los cueros sobrantes de la primera, como un subproducto del ganado que se explota para obtener la carne que termina en restaurantes y tiendas de comestibles.

Hasta ahora esa relación iba bien pero de un tiempo a esta parte el equilibrio comenzó a romperse, ya que en todo el mundo -y en Estados Unidos en particular- se está consumiendo más carne y menos zapatos de cuero.

En esa línea, Horacio Moschetto, secretario de la Cámara de la Industria del Calzado, ratificó que "hay una tendencia global a la baja de consumo del calzado de cuero y un aumento de las zapatillas" y afirmó que esa fue la problemática que expusieron varios países en un congreso del sector celebrado hace pocos días en Europa. 

Tal como ocurrió en todo el mundo, en la Argentina también se incrementó la producción y la venta de calzado deportivo aunque el panorama es muy distinto a lo que ocurre con la industria estadounidense, ya que la mayor parte del cuero de nuestro país se exporta.

"Acá se comercializa sólo el diez por ciento de la faena porque el 90 por ciento de los cueros (terminados o semi terminados) se exporta", explica Ariel Aguilar, presidente de la Cámara Industrial de las Manufacturas del cuero y afines (CIMA).

 

En 2017, la Cámara de Productos y Comercio del Calzado y Afines (Capcica), confirmó el avance del calzado deportivo, que pasó de una relación con el calzado de 30-70% a 40-60%. Mientras en Estados Unidos la demanda de cuero aún no se terminó de recuperar de las sequías que en 2014 afectaron su industria, en 2015 en la Argentina se marcaba un nuevo récord de producción: 125 millones de pares de calzado, cifra que hoy cayó a 100 millones de pares. 

En tanto, en 2016 la producción nacional de calzado deportivo fue de unos 21 millones de pares, según las estadísticas de Capcica, la entidad que reúne a los fabricantes locales.

De hecho, según un estudio de la consultora internacional Euromonitor, dado a conocer el año pasado, los argentinos ocupaban el segundo puesto en el ránking regional de los que más gastan en la compra de zapatillas, sólo detrás de los chilenos.

Pese a que el falso cuero o cuero sintético avanzó mucho y cada vez son más los diseñadores de lujo que lo usan bajo el lema ecologista, Moschetto advierte que esa visión está muy en boga en Europa, donde "hay normas técnicas y de trazabilidad muy estrictas, pero no es lo que ocurre en los otros mercados".

En la Argentina, por ejemplo el consumo de materiales sintéticos no tiene que ver con elecciones ecológicas sino con las posibilidades económicas, sobre todo de los consumidores. "Lo que está claro es que cada vez hay más materiales sintéticos por un tema de costos y precio del producto. Acá hay un tema de poder adquisitivo, más que ecológico", opina Aguilar. 

"El alza del consumo de zapatillas frente al calzado de cuero tiene dos factores fundamentales: uno es el desarrollo de materiales inteligentes, hechos a partir de nuevas tecnologías textiles y el segundo está estrechamente relacionado con el costo, porque estas tecnologías permitieron bajar los costos frente al cuero", explica el titular de la Cámara del Calzado. 

Otro factor innegable es que la influencia cultural de la zapatilla deportiva sigue en alza y crece como un símbolo de estatus tanto para hombres como para mujeres. En este contexto, cada vez es más fácil ver por qué los zapatos canibalizan las ventas de otros tipos de calzado, como los tacos altos o los zapatos de vestir, generalmente hechos de cuero.

Durante años, los fabricantes de zapatillas recurrieron a estos materiales por sus beneficios de rendimiento y por eso la gran pregunta que surge ahora en Estados Unidos es saber qué pasará con los cueros sobrantes. 
"Si Estados Unidos tiene cuero, que lo traiga para acá, así generamos industria. Que las curtiembre los compren. Eso debería bajar el precio. Cuanto más cuero hay en la plaza, más barato es. Es la ley de la oferta y la demanda", se esperanza Aguilar.

Fuente: Télam.

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