Acceder a un techo propio continúa siendo una de las metas más complejas para las familias en nuestro país. Según informes recientes sobre la situación habitacional y los costos de construcción, la brecha entre el salario promedio y el valor de las propiedades se ha profundizado en los últimos años.
De acuerdo con datos del sector, edificar una vivienda familiar estándar de 100 metros cuadrados requiere desembolsar más de $228 millones. Al contrastar este monto con la Remuneración Imponible Promedio de los trabajadores registrados, un asalariado necesitaría destinar 143 salarios netos completos —lo que equivale a casi doce años de ingresos íntegros— únicamente para cubrir la mano de obra y materiales, sin computar el valor del terreno.
Por otra parte, la alternativa de los créditos hipotecarios tampoco ofrece una respuesta accesible para la mayoría de los trabajadores. Las simulaciones de las entidades bancarias para la compra de una unidad de 100.000 dólares reflejan que las familias deben acreditar ingresos mínimos que oscilan entre los $3,2 millones y los $4,6 millones mensuales.
Esta exigencia financiera supera holgadamente el salario promedio formal, lo que obliga a los solicitantes a sumar múltiples ingresos dentro del grupo familiar para intentar calificar a las líneas de financiamiento vigentes.
El panorama ubica a la Argentina en un escenario crítico de asequibilidad inmobiliaria, donde la distancia entre la capacidad de ahorro de los hogares y el valor real del metro cuadrado sigue postergando la posibilidad de alcanzar la vivienda propia.

