Si no se cambia la matriz feudal continuarán las aberraciones
Lo que se discute en Jujuy no es un simple debate técnico-legal, sino una profunda crisis institucional que pone en jaque la separación de poderes. La matriz de poder que se ha consolidado en la provincia parece operar bajo un esquema de impunidad garantizada.
La crítica central y más alarmante radica en el sistema de selección de jueces, donde se denuncia que la elección final del gobernador sobre una terna es una herramienta funcional, un verdadero cheque en blanco que ignora el mérito. El juez designado, según esta visión, automáticamente le debe un favor al poder político, lo que anula su independencia en cualquier expediente sensible. Esta es la base de la "máquina de impedir" la justicia. El cuadro se complejiza con la estructura bicéfala del poder.
Mientras el gobernador Sadir ostenta la autoridad formal, la verdadera usina de las decisiones, el poder en las sombras, es el ex gobernador Morales, cuyo control se extiende a través de su hermano Fredy Morales en la jefatura de gabinete.
Esto relega a la figura del gobernador a un rol meramente decorativo, confirmando que el poder real sigue siendo un "feudo" manejado por la misma facción. Para sellar este sistema, se suma un sector del peronismo traidor en la Legislatura, pieza clave para garantizar la mayoría y seguir imponiendo magistrados a medida, como el hipotético caso del hijo del ex gobernador Morales como potencial vocal de la corte. Esta mezcla de nepotismo y clientelismo judicial es una aberración que daña severamente el estado de derecho.
Si la provincia aspira a romper esta matriz y reformular la selección de jueces para asegurar la independencia, la única vía parece ser una nueva constitución provincial.
Sin embargo, y este es el punto crucial, la gente hoy tiene sus esperanzas puestas en nuevas fuerzas, como la libertad avanza, ganadora en el último turno electoral, porque saben que con esta estructura de poder atornillada hasta 2027, las anomalías seguirán radicalizándose. Para desmantelar este esquema de impunidad es fundamental y necesario que el poder pase a otras manos, manos que realmente busquen restaurar el mérito y la dignidad del sistema democrático.
El diagnóstico es tan claro como el desafío que se presenta.
La fuerza política ganadora en la última elección, la libertad avanza, tiene en sus manos la responsabilidad histórica, y también la carga, de capitalizar esa victoria si aspira a quebrar la matriz de poder que ha transformado a Jujuy en un feudo. El objetivo de modificar el sistema de selección de jueces, apuntando a una nueva constitución, es ambicioso, pero inviable si el liderazgo no se consolida ahora. El tiempo que media hasta el 2027 no es un período de espera, sino una verdadera carrera de obstáculos. La principal amenaza para el movimiento no es solo la vieja estructura de poder, sino los fantasmas internos.
El electorado, fatigado por décadas de decadencia y estructuras clientelares, votó por un cambio radical outsider. Si antes de "llegar a la costa" de la próxima elección, el espacio muestra fisuras, divisiones internas o ambigüedades en su estructura de poder y en sus mensajes, la desconfianza ciudadana regresará, y esa matriz de impunidad sabrá aprovechar cada grieta para atrincherarse más fuerte.
El mensaje es político y vital: solo la coherencia, la solidez y un liderazgo indiscutible permitirán a la libertad avanza mantener la adhesión popular. De lo contrario, la provincia se enfrentará a más de lo mismo hasta 2027, con una radicalización de las aberraciones que seguirán dañando la provincia. Quien gana tiene la oportunidad, pero solo quien demuestra capacidad de mando y unidad puede transformar la victoria en poder real y duradero.
Jujuy se enfrenta a una elección de fondo: o se quiebra la vieja matriz feudal o se convalida su continuidad por inacción o debilidad de la alternativa. El peso de la esperanza recae hoy sobre la solidez de ese nuevo liderazgo.