Jujuy | Secuestro

Silencio en los gobiernos de Jujuy y Salta, tras el mayor secuestro de marihuana de la historia

Un megaoperativo de Gendarmería en las ciudades de Monterrico (Jujuy) y La Caldera (Salta) sacó a la luz una operación de droga de grandes proporciones y que derivo en el secuestro de miles de plantines de marihuana, vehículos, armas, municiones y dinero. La noticia llegó a los medios nacionales pero las autoridades de ambas provincias no hicieron mención al tema.

La investigación comenzó hace más de seis meses, a raíz de la denuncia de un productor ganadero que pasó por el lugar y terminó en un histórico secuestro de droga a la vera de la ruta 122, en el límite entre Salta y Jujuy, donde se encontraba la plantación de marihuana, en paralelo a un debate instalado en los medios sobre si la Argentina se está convirtiendo en un país productor de estupefacientes.

“La plantación de marihuana más grande que se conozca hasta el momento en la Argentina, sin que nadie la haya advertido”, señaló el medio TN.

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Pese a la gravedad del caso, hubo un llamativo silencio por parte de los gobernadores de ambas provincias, sus funcionarios y hasta diputados y concejales. En medio de tanto hermetismo, algunos legisladores optaron por hablar del caso de la cocaína adulterada que provocó numerosas muertes en los últimos días.

Mientras todo esto ocurría, las páginas oficiales del mandatario jujeño, Gerardo Morales, lo mostraban participando de actos políticos en otras partes del país.

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Incluso en una entrevista con un medio nacional, Morales fue consultado sobre el narcotráfico, pero omitió hablar del operativo en Jujuy.

Lo mismo ocurría con el gobernador salteño, Gustavo Sáenz, que centraba su atención en cuestiones de menor envergadura.

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El histórico secuestro, sumado a la ubicación geográfica de ambas provincias y su vinculación con las rutas de las droga amerita conocer el pronunciamiento de dichas autoridades.

La frontera permeable

Sea por vía terrestre, fluvial o aérea, la droga ingresa a la Argentina por el norte y se mueve hacia el sur utilizando métodos de lo más diversos, que van desde las “mulas” cruzando la línea fronteriza —por el cauce de un río seco o en medio de un paisaje selvático que le permite escapar a los controles de los puestos de frontera e ingresar a pie a nuestro territorio— hasta avionetas que utilizan pistas clandestinas para aterrizar o simplemente dejan caer la carga desde el cielo en un predio del que será recogida luego.

Los expertos dan cuenta de que la cocaína ingresa por La Quiaca en Jujuy (ruta 9), o por Salvador Mazza (ruta 34) o Aguas Blancas u Orán (ruta 50), en Salta. Luego, ambas rutas confluyen a la altura de Santiago del Estero. Aunque parte de la carga es enviada a Córdoba, la mayoría parece seguir hasta Rosario para terminar en Buenos Aires con fines de consumo interno o para ser enviada a Europa, vía África o en forma directa.