Política

Sadir, Kicillof y Rivarola juntos son el hambre y las ganas de comer

La visita de Axel Kicillof a Jujuy y su encuentro con Carlos Sadir, junto con su acercamiento político a Rubén Rivarola, merece una lectura que excede largamente lo protocolar. Estamos frente a una construcción de intereses políticos que combina aspiraciones presidenciales, disputas provinciales y una evidente preocupación por el control del peronismo jujeño.

Sadir, Kicillof y Rivarola juntos son el hambre y las ganas de comer

Kicillof quiere ser presidente en 2027 y necesita extender su armado nacional. La pregunta es por qué elige a Rivarola como referencia del peronismo jujeño. Si pretende representar una renovación política, resulta contradictorio que esa construcción se apoye en estructuras tradicionales que llevan décadas protagonizando la política provincial; la renovación no puede limitarse a cambiar los nombres de los aliados mientras permanecen las mismas prácticas.

Sadir, por su parte, tampoco puede desentenderse del significado político de esta fotografía. Una cosa es establecer relaciones institucionales entre gobernadores, algo absolutamente legítimo, y otra muy distinta es quedar asociado a una construcción partidaria que reproduce las disputas y los intereses de la vieja política. Si pretende representar una dirigencia moderna, deberá explicar qué tiene de novedoso esta sociedad.

Pero el problema más serio está en el propio Partido Justicialista de Jujuy: la resolución de la Cámara Nacional Electoral no significó la normalización definitiva del partido ni oficializó automáticamente una conducción; la controversia continúa abierta y el procedimiento debe seguir su curso judicial. Mientras tanto, el PJ permanece condicionado por la intervención y por una disputa interna que no encuentra una salida institucional.

La cuestión es particularmente preocupante por los tiempos electorales: si la provincia vota en mayo y el cronograma comienza en febrero, el peronismo corre el riesgo de llegar a una nueva elección sin una conducción legitimada, sin reglas internas definitivamente resueltas y nuevamente condicionado por decisiones judiciales.

En ese contexto, la presencia de Kicillof junto a Rivarola puede interpretarse como un intento de trasladar a Jujuy una referencia nacional que termine fortaleciendo a uno de los sectores en disputa. Es un problema recurrente de la política argentina: dirigentes nacionales que pretenden ordenar los peronismos provinciales sin comprender sus particularidades ni respetar suficientemente sus procesos internos.

El peronismo tiene, además, experiencias provinciales que merecen ser consideradas, como las de Martín Llaryora y Juan Schiaretti en Córdoba o Sergio Uñac en San Juan; no se trata de idealizar dirigentes, sino de discutir modelos de gestión, federalismo y construcción política, en lugar de reducir todo a la disputa por el control de una estructura partidaria.

Respecto de Rivarola, la pregunta es inevitable: ¿qué proyecto pretende ofrecerle a Jujuy? ¿Una renovación del justicialismo o una nueva estrategia para consolidar su posición interna? Las alianzas son legítimas, pero no reemplazan la legitimidad democrática que debe surgir de una elección interna transparente. Cualquier sospecha sobre la utilización de recursos públicos en función de intereses partidarios debe ser respondida con transparencia y pruebas, no con discursos.

En definitiva, Kicillof busca posicionarse nacionalmente, Rivarola procura consolidar su influencia en el peronismo provincial y Sadir queda involucrado en una fotografía de múltiples interpretaciones políticas; sin embargo, todavía no aparece con claridad cuál es el proyecto común que justifica semejante articulación.

Mientras los dirigentes negocian respaldos y distribuyen posicionamientos, Jujuy sigue esperando respuestas en materia de pobreza, empleo, educación, salud y desarrollo productivo.

El peronismo jujeño no necesita un padrino nacional que decida desde Buenos Aires quién debe conducirlo: necesita recuperar su institucionalidad, permitir que sus afiliados elijan libremente y construir una propuesta política que supere los intereses personales.

La verdadera renovación no consiste en cambiar de aliados ni en conseguir una fotografía con un candidato presidencial: consiste en cambiar las prácticas.

Si el PJ llega a las próximas elecciones intervenido, dividido y sin una conducción legitimada, la fotografía de Kicillof, Sadir y Rivarola será otra expresión de una dirigencia más preocupada por su supervivencia política que por el futuro de Jujuy.