Pretenden remontar la imagen de Jorge cortando pasto y emparejando calles
La noticia que nos llega desde el Palacio Municipal de San Salvador de Jujuy ya no sorprende a nadie: resulta que ahora, después de casi dos décadas de gestión, el municipio “intensifica” el desmalezado porque, según dicen, este año es un “gran desafío” mantener las plazas.
Escuchen bien: nos hablan del clima como si fuera una novedad, como si en Jujuy no supiéramos lo que es la temporada de lluvias o el crecimiento de los pastizales.
Es realmente fascinante la capacidad que tiene la gestión de Raúl “Chuli” Jorge para relatar la realidad como si acabaran de bajar de un plato volador. Llevan 17 años en el poder —¡17 años!— y nos vienen a explicar que el mantenimiento de la ciudad es difícil por factores externos. Si no es la lluvia, es el presupuesto nacional; y, si no, será cualquier otra excusa que encuentren en el manual de la victimización política. La subestimación al vecino ya cruza todos los límites de la decencia. Nos anuncian con bombos y platillos la licitación de dos motoniveladoras para “reforzar” el mantenimiento de calles, y uno no puede evitar preguntarse: ¿qué hicieron durante estas casi dos décadas? ¿Recién ahora descubrieron que las calles de tierra necesitan máquinas? Es una hipocresía monumental que nos hablen de “recuperar la ciudad” después de haberla tenido bajo su mando durante tanto tiempo.
¿Adónde fueron a parar los impuestos de los jujeños durante estos 17 años si hoy tenemos que celebrar la compra de dos máquinas como si fuera una epopeya histórica? Tratan al ciudadano como si no tuviera memoria, como si los baches, los yuyales y el abandono fueran un fenómeno meteorológico reciente y no el resultado de una gestión que se achanchó en el sillón y se olvidó de las prioridades básicas.
Es hora de que dejen de relatar los problemas y empiecen a rendir cuentas, porque el argumento del “clima” y la “pesada herencia” —de ellos mismos— ya no resiste ni el más mínimo análisis frente a una ciudad que, a pesar del esfuerzo del vecino que paga tasas muy altas, sigue esperando soluciones que nunca llegan a fondo.
Lo que estamos viviendo en San Salvador de Jujuy ya no es solo una falta de gestión: es una falta de respeto total a la dignidad de miles de familias. Lo de Alto Comedero ya pasó de ser un “barrio olvidado” para convertirse en el monumento vivo a la desidia de estos 17 años de gobierno de Raúl Jorge. Tenemos a más de cien mil personas —que no son un número, sino vecinos que producen y pagan tasas— viviendo en condiciones que rozan lo inhumano, reclamando una municipalización que surge del puro hartazgo, porque sienten que, para el municipio, el mapa del ciudadano determina la existencia de Alto Comedero y de otros sectores.
Ellos diseñan su mapa de acuerdo con su idiosincrasia, lo cual es de un cinismo absoluto. Ante semejante crisis estructural y social, la respuesta oficial es salir a desfilar con tres desmalezadoras y dos motoniveladoras como si estuvieran inaugurando el Canal de Panamá. ¿A quién pretenden engañar con este maquillaje de última hora? Es un disparate pretender que dos máquinas van a tapar el cráter de abandono que cavaron durante casi dos décadas.
El vecino ya no compra el espejito de colores del “clima” o de la “falta de fondos” cuando ve que su barrio es un yuyal intransitable, mientras los discursos oficiales siguen hablando de una ciudad moderna que solo existe en las redes sociales de los funcionarios. La encrucijada es real y es política: o reconocen que el modelo de gestión está agotado y que han subestimado sistemáticamente al sector más pujante de la ciudad, o el grito de autonomía de Alto Comedero será solo el principio de una fractura que ninguna motoniveladora podrá emparejar.
La hipocresía de querer remontar la imagen del intendente, que está por el suelo, con parches de pasto corto es, sencillamente, la confirmación de que viven en una realidad paralela a la que sufre el jujeño de a pie todos los días.