El diputado Rubén Armando Rivarola, una de las mochilas que hundieron a Fellner en la derrota, hace su regreso a la Legislatura de la provincia. Se trata de uno de los políticos que, a pesar tener escaso consenso en la sociedad, mantuvo una enorme influencia durante los años de Gobierno de Eduardo Fellner.
Rivarola vuelve debilitado a la Legislatura de Jujuy
El “diputado mudo”, como lo calificó la prensa nacional tras su paso por la Cámara de Diputados nacional, volverá a ocupar un escaño en la Legislatura provincial con un poder mermado porque integrará un bloque del FPV ahora minoritario y por haber perdido a sus hombres de confianza en las principales intendencias del interior.
Rivarola participó de la famosa “mesa de los 5”, que durante el Gobierno de Walter Barrionuevo digitó los destinos de la provincia, en la época en que los recursos y el dinero abundaban.
Siempre solapado en las listas de diputados que Fellner digitaba con su dedo benefactor, logró representar a Jujuy en el Congreso de la Nación, como diputado nacional, aunque “representar” es sólo una expresión formal, ya que la característica principal de su gestión en el Parlamento nacional fue el silencio.
La palabra parlamento proviene del francés "parlement", vocablo que expresa la acción de "parlar", que significa "hablar", pero Rivarola parece desconocer la etimología del término. En su función como representante del pueblo de Jujuy, desde 2012 hasta este año, prácticamente no pronunció palabras en el recinto de la Cámara Baja del Congreso.
La prensa nacional lo calificó como el “diputado mudo”, cuando en su primer año como legislador nacional no emitió ni una sola palabra en las más de 20 sesiones. En 2013, un año después, Rivarola volvió a dar la nota: ese año fue precavido y emitió unas escasas 800 palabras, es decir, menos de diez oraciones, seguramente para evitar ingresar en el ranking de "legisladores en off" nuevamente.
El tiempo siguió corriendo y el 2014 no fue la excepción. Allí, nuestro representante en el Congreso, volvió a estar cerca de los últimos puestos en el ranking de los laboriosos: 1.100 palabras en todo el año. Son menos palabras de las que se usaron para armar este informe. Quedó en el puesto 208 de casi 250 diputados.
En 2012 y 2013 no presentó ni un sólo proyecto de ley. ¿Qué hace un legislador si no crea leyes ni tampoco debate los proyectos de otros?
Además, su discreto paso por el Congreso fue de la mano con su declive político en la provincia de Jujuy. Durante sus años de esplendor, el diputado Rivarola logró convertirse en el jefe político de numerosos jefes comunales.
Ubicado en la cresta de la ola, en 2007 logró ubicar a hombres de su confianza en las intendencias de San Pedro, Libertador, Fraile Pintado, La Mendieta y La Esperanza. Ocho años y pésimas gestiones después, ya no le queda ninguna.
El pueblo jujeño castigó el pasado domingo a los dos últimos bastiones de un rivarolismo que va camino a la extinción: Jesús Lorenzo Guerra perdió en La Mendieta, y el “Churo” Bautista perdió el municipio de La Esperanza.
Sin embargo, a pesar de los antecedentes, el pueblo, quizá dormido, volvió a elegirlo como representante provincial. En diciembre asumirá como diputado de la Legislatura de Jujuy en el bloque, ahora minoritario, del Frente para la Victoria.
Ya habrá tiempo para juzgar su actuación: quizá llega a Jujuy con ganas de decir todo lo que no dijo durante cuatro años en su estadía en Buenos Aires.
Siempre solapado en las listas de diputados que Fellner digitaba con su dedo benefactor, logró representar a Jujuy en el Congreso de la Nación, como diputado nacional, aunque “representar” es sólo una expresión formal, ya que la característica principal de su gestión en el Parlamento nacional fue el silencio.
La palabra parlamento proviene del francés "parlement", vocablo que expresa la acción de "parlar", que significa "hablar", pero Rivarola parece desconocer la etimología del término. En su función como representante del pueblo de Jujuy, desde 2012 hasta este año, prácticamente no pronunció palabras en el recinto de la Cámara Baja del Congreso.
La prensa nacional lo calificó como el “diputado mudo”, cuando en su primer año como legislador nacional no emitió ni una sola palabra en las más de 20 sesiones. En 2013, un año después, Rivarola volvió a dar la nota: ese año fue precavido y emitió unas escasas 800 palabras, es decir, menos de diez oraciones, seguramente para evitar ingresar en el ranking de "legisladores en off" nuevamente.
El tiempo siguió corriendo y el 2014 no fue la excepción. Allí, nuestro representante en el Congreso, volvió a estar cerca de los últimos puestos en el ranking de los laboriosos: 1.100 palabras en todo el año. Son menos palabras de las que se usaron para armar este informe. Quedó en el puesto 208 de casi 250 diputados.
En 2012 y 2013 no presentó ni un sólo proyecto de ley. ¿Qué hace un legislador si no crea leyes ni tampoco debate los proyectos de otros?
Además, su discreto paso por el Congreso fue de la mano con su declive político en la provincia de Jujuy. Durante sus años de esplendor, el diputado Rivarola logró convertirse en el jefe político de numerosos jefes comunales.
Ubicado en la cresta de la ola, en 2007 logró ubicar a hombres de su confianza en las intendencias de San Pedro, Libertador, Fraile Pintado, La Mendieta y La Esperanza. Ocho años y pésimas gestiones después, ya no le queda ninguna.
El pueblo jujeño castigó el pasado domingo a los dos últimos bastiones de un rivarolismo que va camino a la extinción: Jesús Lorenzo Guerra perdió en La Mendieta, y el “Churo” Bautista perdió el municipio de La Esperanza.
Sin embargo, a pesar de los antecedentes, el pueblo, quizá dormido, volvió a elegirlo como representante provincial. En diciembre asumirá como diputado de la Legislatura de Jujuy en el bloque, ahora minoritario, del Frente para la Victoria.
Ya habrá tiempo para juzgar su actuación: quizá llega a Jujuy con ganas de decir todo lo que no dijo durante cuatro años en su estadía en Buenos Aires.
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