Los "seclanteños" mandan en Salud
Durante la última asamblea de socios de la compañía partidaria, Fellner, en su calidad de presidente del directorio pidió a los asociados dejar de lado los internismos; la asamblea de socios aplaudió a rabiar y bajaron eufóricos de la sala de sesiones.
Pero la euforia duró poco. En la puerta misma los diferentes aspirantes a cargos partidarios marcaban sus intenciones por lo bajo; solamente un pequeño grupo de militantes asalariados del Estado, bajo la batuta del comandante Germán Fellner y su lugarteniente Federico Llermanos, loaban al mandatario provincial.
A pesar del mensaje del gobernador, las internas lejos de cesar cada vez están tomando ribetes más escandalosos.
Las pujas por los espacios de poder se están manifestando en todos los estamentos gubernamentales, pero algunas carteras internas son más crueles y en todos los casos los directos perjudicados son los jujeños, que ven cómo inexorablemente se postergan las soluciones a los problemas de cada día.
Estas internas tienen un solo génesis, la Jefatura de Gabinete. Desde el despacho de Armando Berruezo se tejen todas las artimañas para encorsetar a los ministros, quitándoles capacidad de autonomía y obligarlos a peregrinar hasta la Casa de Gobierno, a fin de rendirle obediencia al capataz del gobierno de Fellner y Jenefes.
En el escritorio de Berruezo no solo está la suma de poder político gubernamental; también está la llave de la famosa Cuenta Única, asiento bancario donde descansan la totalidad de los recursos provinciales.
Los ministros saben que esa cuenta es la única posibilidad que existe para intentar darle solución a los distintos problemas que enfrentan, pero para que esa cuenta se abra, el peregrinar es interminable y siempre desemboca en el mismo sitio, el despacho de Berruezo, donde la negativa es la única respuesta posible.
El poder absoluto de Berruezo no surge por generación espontánea; es el poder delegado por el propio Eduardo Fellner que tiene su agenda demasiado ocupada en pasar la gorra en Buenos Aires más que en hacer frente a los problemas de su gobierno.
El internismo más palpable se siente elocuentemente en el Ministerio de Salud, donde Saúl Flores se debate en soledad frente a una crisis sanitaria sin precedentes.
Sus dos escuderos, Adolfo Pereyra Rosas y Marcelo Abud, incondicionales de Armando Berruezo, lejos de colaborar para la solución de los conflictos, se convirtieron en verdaderas quintas columnas, a punto tal que en los pasillos de la cartera sanitaria se les atribuye a este singular dúo la responsabilidad de abrir la nueva Maternidad en las condiciones de precariedad harto conocidas.
No son pocos los que al ver pasar a estos inefables funcionarios se acuerdan sistemáticamente del primer verso de El Seclanteño (cara de roca…), la popular baguala de Ariel Perocelli.
Pereyra Rosas y Abud reciben instrucciones directas del despacho de Berruezo, y hacen gala de poseer un salvoconducto especial para recorrer los pasillos del palacio de la calle San Martín, privilegio que obviamente Flores no posee.
Flores es un reconocido técnico a nivel nacional, pero su cintura política se asemeja a la de un lavarropas. Durante su mandato en la cartera sanitaria no logró cerrar alianzas políticas, ni tampoco romper el infranqueable cerco que existe en torno al primer mandatario provincial.
El desabrigo político de Flores es capitalizado por Pereyra Rosas y Abud que a diario esmerilan la gestión.
Fuentes seguras confiaron a Jujuy al Momento que el inefable dúo se resiste a aceptar los cambios que propone Flores, a quien acusan de "...no entender de política...", en el convencimiento de que en un año de generales lo mejor que puede ocurrir es que nada cambie y sostener una situación de status quo.
Ese sería el cortocircuito principal con Flores, que llegó desde La Plata a su ciudad natal con el fin de modificar la matriz del sistema sanitario provincial.
Para colmo de males, los seclanteños, tal cual se los conoce a Pereyra Rosas y Abud, estarían prometiendo cargos a diestra y siniestra en caso de que alguno llegase a ser ministro en un plazo no muy lejano.
En la privada de Flores los empleados comentan a viva voz que Pereyra Rosas ya anunció a sus íntimos que no falta mucho tiempo para que asuma la titularidad de la cartera sanitaria.
Fellner pregona el fin del internismo, mientras desde su círculo más íntimo se promueven las quintas columnas y se privilegian a los dóciles. Una contradicción más de un régimen vetusto y agotado.