El mensaje de Eduardo Fellner a los congresales aplaudidores congregados en el Partido Justicialista fue uno solo: "terminar con el internismo".
La interna del PJ: Dos mochilas de plomo y ningún salvavidas
Fellner y su gobierno de hunden en el fango; la pestilencia ya alcanzó a todo su staff. Jenefes y Rivarola están colgados de los bolsillos del mandatario ayudando a que el hundimiento alcance ribetes escandalosos.
No fue un mensaje casual, ya que la interna palaciega no solo se debate en los segundos y el tercer nivel de gestión; la interna está enquistada en el propio binomio gubernamental.
Eduardo Fellner pretende dejar para su exclusividad el armado de la arquitectura electoral, que a estas altura algunos ya se atreven a asegurar que la tarea de Fellner se aproxima más a prácticas relacionadas con la nigromancia.
Resulta ser que su secuaz Guillermo Jenefes pretende ser nuevamente el compañero de fórmula, cometido que para nada convence a Fellner ya que ninguna de las encuestas que obran en su despacho le auguran un futuro promisorio en las próximas generales.
El mandatario sabe a ciencia cierta que para esta contienda necesitará toda la ayuda posible, llevar en las listas personas que por lo menos no resten.
Las encuestas muestran una altísima imagen negativa de Jenefes, a punto tal que cuando se lo mide a Fellner en soledad muestra una mejor performance que cuando los encuestadores preguntan por el binomio; allí la imagen y la intención de voto caen abruptamente.
Ante esta paupérrima realidad, en el círculo más íntimo del gobernador especulan sobre los distintos caminos a tomar para dejar afuera de la fórmula gubernamental al hilarante Jenefes. Algunos intentaron que el actual vice se dé un baño de humildad y solo decida dejar las lides políticas, pero a decir de fuentes confiables, el cuestionado vicegobernador cantó vale cuatro y puso sobre la mesa unas encuestas encargadas por él mismo, donde su imagen positiva es prácticamente similar a las Papa Francisco y apenas unos puntos por debajo de la Virgen de Punta Corral.
Por ahora solo se sabe que Fellner no lo quiere a Jenefes en la fórmula y hasta el momento no aparecen los argumentos contundentes para consolarlo con alguna candidatura de menor cuantía.
Otro que se midió el traje de vicegobernador es Rubén Rivarola. El mandamás de Limsa entiende que llegó su turno y emprendió una singular aunque desopilante campaña en procura de tal cometido.
Recorre algunas localidades de la provincia con una singular comitiva habilitando lo que él denomina Casa de Gestión, donde en realidad no se gestiona nada, solo sirve para una instantánea y nada más.
En las encuestas que tiene Fellner, la imagen negativa de Rivarola supera todos los records; ni los psicólogos que lo acompañan, ni los puflitos de Alfredo Gerry alcanzan siquiera para dejarlo dentro de la gatera.
Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola se repartieron el gobierno y el PJ a su gusto y paladar para que funcione teniendo como eje las apetencias personales de cada uno de ellos. Se respetaban los espacios, ninguno molestaba al otro, pero de tanto mirarse el ombligo ahora miran a su alrededor y solo ven tierra arrasada, un gobierno al que ya le gritaron hundido y un partido vacío únicamente adornado con aplaudidores compulsivos.
Fellner sabe que ya no necesita de Jenefes y Rivarola, pero está preso de los propios lazos que él mismo ató, que está estirando el cordel hasta un punto de no retorno.
Solo resta saber si Fellner está dispuesto a romper con el entramado, lo que ocasionaría que el aleteo de la mariposa repercuta inexorablemente en cada rincón de la provincia, y los últimos meses de gestión se conviertan en una verdadera tortura.
Fellner se colgó dos mochilas de plomo en su cuello. El hundimiento es inexorable y ningún salvavidas llega desde la orilla para, por lo menos, tenerlo con la nariz sobre el agua.
Eduardo Fellner pretende dejar para su exclusividad el armado de la arquitectura electoral, que a estas altura algunos ya se atreven a asegurar que la tarea de Fellner se aproxima más a prácticas relacionadas con la nigromancia.
Resulta ser que su secuaz Guillermo Jenefes pretende ser nuevamente el compañero de fórmula, cometido que para nada convence a Fellner ya que ninguna de las encuestas que obran en su despacho le auguran un futuro promisorio en las próximas generales.
El mandatario sabe a ciencia cierta que para esta contienda necesitará toda la ayuda posible, llevar en las listas personas que por lo menos no resten.
Las encuestas muestran una altísima imagen negativa de Jenefes, a punto tal que cuando se lo mide a Fellner en soledad muestra una mejor performance que cuando los encuestadores preguntan por el binomio; allí la imagen y la intención de voto caen abruptamente.
Ante esta paupérrima realidad, en el círculo más íntimo del gobernador especulan sobre los distintos caminos a tomar para dejar afuera de la fórmula gubernamental al hilarante Jenefes. Algunos intentaron que el actual vice se dé un baño de humildad y solo decida dejar las lides políticas, pero a decir de fuentes confiables, el cuestionado vicegobernador cantó vale cuatro y puso sobre la mesa unas encuestas encargadas por él mismo, donde su imagen positiva es prácticamente similar a las Papa Francisco y apenas unos puntos por debajo de la Virgen de Punta Corral.
Por ahora solo se sabe que Fellner no lo quiere a Jenefes en la fórmula y hasta el momento no aparecen los argumentos contundentes para consolarlo con alguna candidatura de menor cuantía.
Otro que se midió el traje de vicegobernador es Rubén Rivarola. El mandamás de Limsa entiende que llegó su turno y emprendió una singular aunque desopilante campaña en procura de tal cometido.
Recorre algunas localidades de la provincia con una singular comitiva habilitando lo que él denomina Casa de Gestión, donde en realidad no se gestiona nada, solo sirve para una instantánea y nada más.
En las encuestas que tiene Fellner, la imagen negativa de Rivarola supera todos los records; ni los psicólogos que lo acompañan, ni los puflitos de Alfredo Gerry alcanzan siquiera para dejarlo dentro de la gatera.
Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola se repartieron el gobierno y el PJ a su gusto y paladar para que funcione teniendo como eje las apetencias personales de cada uno de ellos. Se respetaban los espacios, ninguno molestaba al otro, pero de tanto mirarse el ombligo ahora miran a su alrededor y solo ven tierra arrasada, un gobierno al que ya le gritaron hundido y un partido vacío únicamente adornado con aplaudidores compulsivos.
Fellner sabe que ya no necesita de Jenefes y Rivarola, pero está preso de los propios lazos que él mismo ató, que está estirando el cordel hasta un punto de no retorno.
Solo resta saber si Fellner está dispuesto a romper con el entramado, lo que ocasionaría que el aleteo de la mariposa repercuta inexorablemente en cada rincón de la provincia, y los últimos meses de gestión se conviertan en una verdadera tortura.
Fellner se colgó dos mochilas de plomo en su cuello. El hundimiento es inexorable y ningún salvavidas llega desde la orilla para, por lo menos, tenerlo con la nariz sobre el agua.
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