La insoportable levedad de Gelmetti
El elenco gubernamental no hace pie en la turbulenta Jujuy; los ministros navegan sin rumbo mientras sobre sus oscilantes horizontes se ciernen problemas de toda índole.
Adriana Magdaleno y su paje Silvina Sadir, quemaron su reservorio intelectual con el festival del Sapo Pepe, y a partir de ese momento apelan a la instantánea como único argumento de gestión.
El titular de la cartera sanitaria, atiborrado de pergaminos académicos y una vasta y reconocida solvencia profesional en materia sanitaria, se esfuerza en darle al sistema una cuota técnica que se da de bruces con la realidad financiera. Un ministro capaz de marcar un horizonte a la distancia, pero choca incansablemente contra la burocracia impuesta en los despacho del Palacio Gubernamental.
Gustavo Rodas quiere ser intendente de la capital y para eso necesita mostrar gestión, pero hasta ahora solo un par de toboganes y unas hamacas puede mostrar, lo que indudablemente es insuficiente para sus pretensiones políticas.
A Gabriel Romarovsky le estallan las garrafas subsidiadas; los estruendos del butano explotando en sus narices minimizan cualquier intento de dibujar un surrealista cuadro de la irrealidad provincial.
Alberto Matuk, un pacifista serial, se inmola ante cada desacierto de sus colegas; pretende aplicar la política del diálogo en medio de un gabinete de sordos.
Poco le falta a Ricardo Pierazzoli para apoyar sus asentaderas en las escalinatas de la Catedral y pasar la gorra a los feligreses. Su única misión en el gabinete es la de viajar a Buenos Aires a ver qué migajas se caen de la mesa y ser el más rápido en alzarlas. Las arcas vacías convirtieron al ministro de Hacienda en un administrador de la pobreza.
El gordito dueño de la pelota es Armando Berruezo. Sobre sus espaldas descansa el poder real del gobierno; las decisiones políticas indefectiblemente pasan por su despacho; la llave de la caja única está en el primer cajón de su escritorio, y absolutamente todos los ministros deben reportar y rendir cuentas de sus desatinos frente a su escritorio. Ello no solo lo convierte en el hombre fuerte del Gobierno, sino también en responsable directo del fracaso de la administración Fellner.
Agudos observadores de la realidad provincial, incluso algunos muy cercanos a los opíparos y bien regados asados de la residencia de la avenida Illia, sostienen que en la administración Fellner, hay tres clases de ministros: los ineficientes, los muy ineficientes y Florencia Gelmetti.
Resulta ser que la titular de la cartera educativa supero todos los records en cuanto a impericia y negligencia en la gestión. Sus titubeos a la hora de tomar decisiones convirtieron a su ministerio en una verdadera caja de pandora, donde todo puede pasar, donde las marchas y contramarchas son moneda corriente.
Durante el 2014 el Ministerio de Educación marchaba escorado y a los tumbos; problemas de fácil resolución se convirtieron en verdaderos karmas para Gelmetti. Los profesores de Conectar y los del Plan Fines no logran cobrar la sideral deuda que el Estado provincial tiene con ellos.
Los supervisores hacen gala de una creatividad inusitada; para generar problemas, solo basta con recordar la desafortunada y nunca sancionada intervención de Rita Quioroz en Mina El Aguilar
Sus amigos del CEDEMS dirimen las votaciones a las trompadas y los profesores escapan del gremio en busca de la protección de ATE.
Los jerarcas gremiales pujan por cargos a diestra y siniestra intentando copar las diferentes instituciones educativas ante la mirada cómplice e indolente de Gelmetti.
Los IES están en un proceso de libanización sin precedentes. El Tello vive un estado de interna permanente; en el Scalabrini Ortiz, los entenados de Gelmetti, fervientes aplaudidores del CEDEMS, tomaron a la institución como un botín de acomodos y prebendas, donde hasta los concursos están sospechados.
Enero y febrero, es el tiempo que normalmente se dedica a poner las escuelas en condiciones para el período lectivo, pero bajo el mando de Florencia Gelmetti, estos meses fueron destinados para hacer la plancha y carnavalear.
Los chicos volvieron a clases y las escuelas en paupérrimo estado, mientras tanto Gelmetti solo esbozó decir que se estaba realizando un relevamiento.
Afortunadamente algunas monedas llegaron de Buenos Aires y los directores se encargaron de comenzar con las obras de refacción, mientras que la maquinaria burocrática del Ministerio de Educación mira atónita cómo los regentes de las escuelas están haciendo el trabajo que ellos no supieron hacer.
La situación de las escuelas le costó a Florencia Gelmetti una reprimenda pública del gobernador, cuando inaugurando el período lectivo afirmó que muchos establecimientos no estaban acordes a lo que se esperaba para recibir a los alumnos.
Luego vino la polémica por la promoción automática de los alumnos del secundario que debieran más de dos materias. Anuncios y promesas de solución salían de la boca de Gelmetti, hasta que en Huacalera el propio Eduardo Fellner dijo que no estaba de acuerdo con semejante atrocidad.
Nueva reprimenda pública a Gelmetti y la ministra no tuvo más remedio que dar marcha atrás. Por supuesto que tras las idas y venidas, ahora son los padres lo que reclaman una "solución" para los hijos que tienen más de dos materias aplazadas y exigen ser promovidos o bien nuevas mesas de exámenes.
El nivel de improvisación y de precariedad en la cartera educativa alarma, a punto tal que en medio de tanta labilidad, Gelmetti sobresale encabezando la nómina de ser la cartera más ineficiente en medio de tanta ineficiencia.
María Gabriela Carabajal, actual secretaria de Gestión Educativa, es la candidata de Armando Berruezo para suceder a Gelmetti.
En la Casa de Gobierno, sostienen que solo hay que esperar que la tormenta del inicio de clases se apacigüe para que las novedades comiencen a surgir.