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Juicio histórico: novena jornada de audiencias

Luego del receso de dos semanas, se realizó ayer la novena jornada del juicio por delitos de lesa humanidad, y segundo día de la causa Avelino Bazán.

De acuerdo al cronograma determinado por el Tribunal Oral Federal, las audiencias se realizan todas las semanas menos la primera de cada mes, por lo que la última jornada de testimoniales fue el viernes 27 de julio.

Ayer estaba prevista la declaración de cuatro testigos, dos de los cuales lo hicieron a partir de las 9.40 aproximadamente.

El primero en declarar fue Alberto Aramayo, quien lo hizo por videoconferencia desde Salta.

El testigo relató que fue detenido en Mina El Aguilar el 8 de septiembre de 1976. Relató, como en los casos de las declaraciones anteriores, que fue sacado de su casa en horas de la madrugada, con los ojos vendados y sin orden de detención, por personal policial local y de Gendarmería.

Aramayo señaló como responsables en ese momento de Policía y Gendarmería en Mina El Aguilar,  a Justino Rivera y Jorge Borges Do Canto, respectivamente,

El testigo relató casi el mismo periplo de los testigos anteriores, es decir la comisaría local, Humahuaca y su posterior traslado a San Salvador. Reconoció que lo trasladaron en una camioneta Ford Azul que la empresa había puesto a disposición de Gendarmería, y que él mismo había participado de su reparación tiempo antes.

Alberto Aramayo dijo que en Humahuaca fue obligado a declarar a los golpes y que esa noche lo trasladaron a la Central de Policía de nuestra ciudad. Comentó que su familia era hostigada y perseguida y que él fue torturado varias veces  en la Policía.

En medio de la emoción, Aramayo recordó que al llegar a la Jefatura estaba de guardia un amigo de su infancia y adolescencia, a quien le pidió que avisara a su familia que no tenía noticias de él. “Nunca voy a dejar de agradecer por eso dijo”, en momentos en que se quebró por el recuerdo.

El ex trabajador de El Aguilar dijo que un día reconoció una voz, que resultó ser la de su compañero de oficina Carlos Giménez.  Días después fue trasladado a la Penitenciaría en un Ford Falcon amarillo por hombres vestidos de civil.

Aramayo dijo que logró quedar en libertad, por las gestiones que realizó quien fuera el primer prelado de Humahuaca, el l R.P. José María Márquez Bernal, sacerdote claretiano español. Recordó con gratitud al obispo, que logró la liberación de los dos trabajadores.

Una vez finalizada su declaración, pidió que se le otorgue una indemnización por todos los daños materiales, físicos y psicológicos sufridos, además de la pérdida de trabajo. Aramayo dijo que como toda indemnización le quisieron pagar seiscientos pesos. Obviamente no es competencia del TOF, pero su presidente Dr. Casas, pidió que se tome nota del pedido para derivarlo a quien corresponda.


Segundo testimonio

Acto seguido declaró, ya en nuestra ciudad, Reynaldo Aguilar, otro de los trabajadores de la mina.

Fue detenido el 26 de marzo de 1976, día en que volvía de sus vacaciones. Fue sacado de su casa al mediodía y llevado a la comisaría de El Aguilar. Al día siguiente lo trasladaron a dependencias de la Policía Federal y posteriormente a la Penitenciaría de barrio Gorriti. Aguilar fue el primero en declarar que las celdas tenían un cartel que decía. “A disposición del Poder Ejecutivo Nacional” (PEN)

Reynaldo Aguilar contó que varias veces intentaron que denunciara a Avelino Bazán como el responsable de El Aguilarazo. Relató que su esposa también trabajaba en Mina El Aguilar y que la obligaron a renunciar. Como no lo hizo fue despedida y le dieron un día de plazo para dejar la casa y trasladar todas sus pertenencias en un camión. Dijo que era tal el miedo que tenían sus compañeros y amigos, que nadie se animó a ayudarla y tuvo que cargar el camión ella sola.

El ex trabajador relató que los familiares les llevaban ropa y comida pero que los detenidos nunca recibían nada. Al ser liberado estuvo tres meses sin salir de la casa, a raíz de las amenazas que le fueron proferidas en la cárcel.

Nuevos testigos

El tercer testigo en declarar fue Bruno René Díaz, quien relató que fue detenido el 26 de marzo en el destacamento que tenía la mina en la localidad de Tres Cruces. Allí se desempeñaba como mecánico y a las 11 de la mañana de ese día, personal de Gendarmería lo detuvo y lo llevó a La Quiaca y posteriormente al penal de Gorriti, previo paso por el Regimiento 20.

Como en los anteriores casos, denunció también que estuvo 47 días incomunicado, en la intemperie, donde tomaba frío y no podía ver a su familia y aislado en el pabellón 7. Luego de este período, fue llevado al Pabellón 1, donde cambió su situación, manteniendo contacto con detenidos de San Pedro, Ledesma y de la propia mina El Aguilar.

Acusó al jefe de personal de la Mina, Telésforo Zurita y a un tal Arzuaga, como “los entregadores”, ya que ambos tenían acceso a los datos de todos los trabajadores y sabían bien qué horarios cumplían y en qué lugar.

En esa ocasión, dijo que tenía 28 años, y también fue llevado a La Plata, donde permaneció detenido hasta su liberación el 11 de enero de 1977. En la cárcel de Gorriti, reconoció a Vargas como uno de los jefes y a Borges Do Canto, quienes en una ocasión le habían querido hacer firmar una declaración donde lo involucraban a Avelino Bazán en actos terroristas.

También recordó que desde el pabellón donde estaba alojado, escuchaba gritos de torturas, y que una sola vez tuvo oportunidad de recibir la visita de su esposa quien concurrió acompañada de su suegra.

El último testigo en declarar fue Fausto Calapeña, detenido en marzo del 76, trabajaba en sección Molino. Contó que a las cinco llegó la policía para llevarlo y  vio la movilidad de la compañía minera con personal de Gendarmería, que lo llevaron al penal de Gorriti, donde estuvo hasta agosto del 76 cuando recuperó su libertad.

También estuvo 45 días incomunicado, tiempo durante el cual permaneció  en una celda individual y tenía como vecinos a Avelino Bazán y a  Efraín Guzmán.

Reconoció que personas uniformadas de gris llevaban la comida. También aseguró que personal de Gendarmería custodiaba la cárcel, donde pudo recibir visitas pero no sabía quién la autorizaba.

Resaltó que había una relación estrecha de la Gendarmería y la empresa minera, y para trasladarlos hacia Jujuy la empresa dispuso movilidad y le aportó combustible.

“Me llevaron al regimiento; Bulacios nos dio una charla y al otro día nos dio la libertad y nos recomendó no volver al lugar” sostuvo haciendo referencia al día de su liberación.


Rechazo a presentaciones

El tribunal Oral N° 2, resolvió rechazar la presentación realizada por la defensa de Carlos Bulgheroni, para que se le vuelvan a practicar estudios psiquiátricos. Según estudios realizados ya con anterioridad al proceso, daban cuenta de que está en condiciones de escuchar y seguir las audiencias.

En cuanto a la situación de Mariano Brag, quien  había solicitado la eximición de prisión domiciliaria, todavía no se resolvió porque tienen que ver un informe de Buenos Aires.

El tribunal recomendó a las partes que todas las presentaciones sean hechas en forma oral y no escrita, para agilizar el trámite.

Para mañana está prevista la declaración de otros cuatro testigos.