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Haquim: el hombre que dinamitó la mesa chica del PJ

La hegemonía del trío Fellner, Jenefes y Rivarola, llegó definitivamente a su fin en la jornada de ayer.

Las nuevas autoridades del partido justicialista no quisieron esperar al 31 de marzo, y determinaron ayer mismo, la caducidad de los mandatos tantas veces prorrogados de manera ilegítima.

 

De esta forma, llegó a su fin una era marcada por el cinismo de una conducción que agitó las banderas de la justicia social para la muchedumbre, pero cerró las puertas del partido para abocarse a los negocios con el estado.

Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola fueron los máximos exponentes la política puesta al servicio de los políticos, pero de espalda a la gente.

Consciente de esto, el nuevo conductor del justicialismo, Carlos Haquim, eligió como primer designio de su gestión el punto más débil de sus antecesores: la lucha contra la corrupción.

En línea con lo que impulsa el peronismo renovador en el país, el actual vicegobernador aseguró que la renovada militancia deberá luchar por políticas que apunten a terminar con la impunidad de los corruptos.

La ley que apunta a que los delitos de corrupción no prescriban y sean investigados a pesar de que haya pasado mucho tiempo, y la ley del arrepentido, para que quienes hayan participado de hechos ilícitos puedan volver sobre sus actos y denunciarlos, son quizás los proyectos más visibles de la nueva era.

Haquim llega agitando la bandera de la transparencia al partido más popular de la provincia.

Justo el valor que estuvo ausente durante los 17 años de gestión de la vieja dirigencia.

El peronismo espera que esta renovación plasme su discurso en la justicia, y que los que vaciaron al partido de Perón y a la provincia, por una vez, rindan cuentas ante la justicia.