Juicios eternos; investigaciones torpes e ineficaces; jueces sospechados por sus fallos; amiguismos; parentela y nepotismo, son sólo algunos de los cuestionamientos que la gente común realiza a diario sobre el Poder Judicial.
González dijo “NI”
Sin dudas, uno de los poderes del Estado que mayores críticas cosecha de la sociedad, es la Justicia.
La gente, en general, no cree en la Justicia jujeña. El escepticismo tiene sus fundamentos y la polémica forma en la que se eligen a los jueces es el principal.
Los jueces de Jujuy se eligen a dedo, por la exclusiva voluntad del gobernador y los miembros del Superior Tribunal de Justicia, quienes los designan en una habitación de Tribunales, sin explicar cuáles son las razones que esgrimen para honrar a una persona con el cargo de juez.
Luego, en un simple trámite de escribanía, un grupo de "levantamanos" con título de diputados en la Legislatura avalan, sin más, aquella decisión.
Este sistema es sostenido por el actual Gobierno, con la connivencia del Poder Judicial.
Lo reiteró ayer el presidente del Superior Tribunal de Justicia, Sergio González, quien llegó a reconocer los vicios del actual sistema de selección de jueces, pero se aferra a la necesidad de reformar la Constitución para introducir cambios.
En otras palabras, pareciera que no importa seguir haciendo las cosas mal, si es la Constitución la que lo avala.
La reforma de la constitución representa un proceso complejo, engorroso, para el que se necesitan grandes consensos y referentes políticos con la legitimidad suficiente para introducir cambios en la Carta Magna de los jujeños.
A simple vista, no los hay.
Queda de esta forma el debate estancado, favoreciendo el esquema actual.
Sin embargo, son cada vez más las voces que aportan alternativas a la compleja reforma de la Constitución.
La acordada que el propio superior Tribunal de Justicia dictó en 1994, conformado por otros miembros, es una de ellas.
En otras palabras hay un instrumento para resolver la situación, pero el máximo tribunal sigue mirando para otro lado.
Mientras tanto, es la gente, la que descree de uno de los poderes fundamentales del Estado.
Los jueces de Jujuy se eligen a dedo, por la exclusiva voluntad del gobernador y los miembros del Superior Tribunal de Justicia, quienes los designan en una habitación de Tribunales, sin explicar cuáles son las razones que esgrimen para honrar a una persona con el cargo de juez.
Luego, en un simple trámite de escribanía, un grupo de "levantamanos" con título de diputados en la Legislatura avalan, sin más, aquella decisión.
Este sistema es sostenido por el actual Gobierno, con la connivencia del Poder Judicial.
Lo reiteró ayer el presidente del Superior Tribunal de Justicia, Sergio González, quien llegó a reconocer los vicios del actual sistema de selección de jueces, pero se aferra a la necesidad de reformar la Constitución para introducir cambios.
En otras palabras, pareciera que no importa seguir haciendo las cosas mal, si es la Constitución la que lo avala.
La reforma de la constitución representa un proceso complejo, engorroso, para el que se necesitan grandes consensos y referentes políticos con la legitimidad suficiente para introducir cambios en la Carta Magna de los jujeños.
A simple vista, no los hay.
Queda de esta forma el debate estancado, favoreciendo el esquema actual.
Sin embargo, son cada vez más las voces que aportan alternativas a la compleja reforma de la Constitución.
La acordada que el propio superior Tribunal de Justicia dictó en 1994, conformado por otros miembros, es una de ellas.
En otras palabras hay un instrumento para resolver la situación, pero el máximo tribunal sigue mirando para otro lado.
Mientras tanto, es la gente, la que descree de uno de los poderes fundamentales del Estado.
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