Resulta demasiado fácil atribuir la falta de participación y el aparente desinterés de los jóvenes a su supuesta apatía inherente. Sin embargo, la realidad es mucho más profunda y arraigada en las deficiencias del sistema político vigente y en las limitadas oportunidades que ofrece nuestra nación.
Desafíos y oportunidades para los jóvenes en nuestro país
El desencanto político que afecta a los jóvenes de nuestro país es un fenómeno complejo y multifacético, alejado de la simpleza de las afirmaciones superficiales.
El desinterés y la falta de información que caracterizan la participación política de los jóvenes tienen dos vertientes que dan origen a una apatía involuntaria. En primer lugar, el sistema político cerrado y restrictivo impide que los jóvenes que desean involucrarse puedan hacerlo plenamente. En Argentina, se privilegia el voto como forma de participación política, dejando de lado otras modalidades igualmente valiosas. La formulación de iniciativas populares, la canalización de demandas ciudadanas y la pertenencia a asociaciones civiles parecen inalcanzables para una generación que solo tiene voz cada cierto número de años, mientras que el resto del tiempo está condenada al silencio.
En segundo lugar, la distancia entre representantes y representados es otro obstáculo significativo. Por un lado, el hecho de que los diputados provengan de listas de partido implica que su lealtad recae en la organización política y no en los ciudadanos a los que deberían representar.
En tercer lugar, la escasa cultura de rendición de cuentas y la persistente corrupción entre los representantes políticos también minan el interés de los jóvenes por participar activamente. Cuando salen a la luz conversaciones escandalosas entre empresarios corruptos y gobernadores, los jóvenes observan con decepción cómo estas autoridades continúan en sus cargos a pesar de las posibles irregularidades. Además, al constatar que muchos de sus representantes siguen aplicando la vieja consigna de "vivir fuera del presupuesto es vivir en el error" y que las mismas caras ocupan los espacios legislativos, se alejan aún más de la participación política al no encontrar respuestas a sus demandas.
Ante este panorama desalentador, resulta imperativo iluminar las causas subyacentes de esta apatía involuntaria y encontrar caminos para superarla. La juventud y nuestro país requieren con urgencia la conquista de un espacio político en el que puedan participar activamente. Esto implica un sistema político más inclusivo, que valore y promueva diversas formas de participación ciudadana, así como una mayor cercanía y responsabilidad de los representantes hacia aquellos a quienes deben servir.
Es hora de cuestionar y reformar las estructuras políticas que limitan el acceso y la influencia de los jóvenes. Solo así podremos despertar su genuino interés por la política y brindarles un futuro esperanzador en el que su voz y sus demandas sean escuchadas y atendidas. Nuestra juventud no es apática por naturaleza, sino víctima de un sistema político excluyente que ha relegado sus aspiraciones y sueños. Es momento de cambiar el rumbo y construir un país donde los jóvenes sean agentes de cambio y su participación sea vital para el desarrollo de una nación próspera y justa.
La apatía involuntaria que se observa entre los jóvenes tiene causas particulares que deben ser abordadas para comprender su desinterés hacia la política. En primer lugar, la cancelación de su futuro desde la década de los setenta ha generado una frustración profunda en esta generación. Mientras en el pasado los jóvenes se movilizaban en busca de libertad de expresión o para detener guerras, en la actualidad sus preocupaciones se han vuelto más terrenales y de corto plazo, enfocadas en encontrar empleo y satisfacer sus necesidades básicas.
La crisis del modelo de posguerra y la implantación del Consenso de Washington han contribuido a cancelar las aspiraciones y el sentido de identidad de los jóvenes, no solo en nuestro país, sino a nivel mundial. El reclamo de millones de jóvenes excluidos es comprensible: "¿Por qué debería participar en una sociedad de la cual no soy parte?". Al no poder satisfacer sus necesidades más básicas, es natural que su participación en el futuro del país sea cada vez menor. Los jóvenes no se interesan por lo que ocurre en la sociedad, ya que sienten que no forman parte de un país donde existan oportunidades y donde se tomen decisiones que los incluyan.
Los jóvenes perciben que los espacios reservados para ellos en las estructuras de poder, toma de decisiones y participación en los asuntos públicos son reducidos. Según estudios, los jóvenes consideran que las formas más importantes de participación son trabajar en el gobierno, militar en un partido político, ser miembros de organizaciones ciudadanas y manifestarse. Sin embargo, estas opciones se ven limitadas por diversos obstáculos.
Trabajar en el gobierno requiere contactos, lo que dificulta la entrada de los jóvenes. La participación a través de partidos políticos se ve afectada por la tendencia de colocar a hijos de políticos importantes en cargos, en lugar de priorizar el mérito y fomentar el surgimiento de nuevas generaciones. Las organizaciones ciudadanas, aunque son una vía de participación, se ven eclipsadas por la preeminencia del voto como forma de expresión política. Además, las protestas y manifestaciones suelen ser ignoradas por los gobernantes, lo que desalienta aún más la participación activa de los jóvenes.
La falta de interés de los jóvenes por la política no se debe a una supuesta apatía intrínseca o a un mal generacional. Perogrullo está equivocado al atribuirles una falta de compromiso. En realidad, su desinterés es consecuencia de un sistema político cerrado y con limitadas oportunidades para su participación. La histórica manifestación del 2 de octubre de 1968 evidenció el deseo de representación y participación de la juventud.
Tanto los problemas generales del sistema político, como el énfasis excesivo en el voto, la distancia entre representantes y representados, la falta de rendición de cuentas y la corrupción, como los problemas específicos que afectan a los jóvenes, como la falta de oportunidades y espacios en la toma de decisiones, y la comunicación inadecuada, deben ser superados. Solo así podremos despertar el interés y la participación de los jóvenes en la construcción de un futuro que refleje sus deseos y aspiraciones. Son ellos quienes deben ser los agentes de cambio y los constructores del futuro que desean tener.
Es crucial abordar la falta de identificación de los jóvenes con los partidos políticos y su demanda de mayores canales de participación y representación en el ámbito parlamentario. Un reciente estudio llevado a cabo por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), Unicef Argentina e IDEA Internacional reveló que la mayoría de los jóvenes no se sienten representados por los partidos políticos y desean tener una voz activa en la toma de decisiones.
El informe, basado en las respuestas de más de 1.300 adolescentes y jóvenes de las 23 provincias del país y CABA, reveló que más del 50% de los jóvenes no se siente identificado con los partidos políticos. Además, 6 de cada 10 jóvenes expresaron su deseo de contar con representación etaria en el Congreso nacional para que sus intereses sean debatidos y considerados en las decisiones políticas.
Según el sondeo, los temas prioritarios para los jóvenes son la calidad educativa, la salud mental, la pobreza y la desigualdad. También se destacan cuestiones como la violencia de género, el acoso, la formación laboral, el medio ambiente y la crisis climática. Los jóvenes demandan que estos temas sean abordados en el ámbito parlamentario y que se les dé voz y participación activa en la definición de la agenda pública.
Natalia Calasti, especialista en comunicación de Unicef Argentina, enfatizó la importancia de incluir en la agenda pública los temas que afectan a la juventud, escuchar sus demandas y tomar en cuenta sus opiniones a la hora de pensar en reformas y nuevas leyes. Por su parte, Carolina Tchintian y Manuel Bertazzo, directora y analista del programa de Instituciones Políticas de Cippec respectivamente, destacaron la necesidad de considerar a los jóvenes como sujetos de política con intereses y necesidades específicas para crear un futuro inclusivo y fomentar una mayor participación.
Si bien más del 40% de los jóvenes valoran el voto como un derecho ganado, más de la mitad expresó no sentirse representados por ningún partido ni candidato. Sin embargo, el informe reveló que los jóvenes son activos en temas políticos y sociales a través de canales digitales, como redes sociales y la difusión de información en internet.
En cuanto a la forma en que se informan sobre la realidad política, la mayoría de los jóvenes prefieren los canales digitales, como portales y diarios en línea, así como las redes sociales y canales de mensajería como WhatsApp. Solo un pequeño porcentaje se informa a través de la televisión, la radio o su entorno social, y una minoría utiliza los diarios impresos.
El informe propone una serie de recomendaciones para mejorar la representación de los intereses de los jóvenes y promover una perspectiva intergeneracional en el debate público. Entre las propuestas se destacan la implementación de cupos jóvenes en las listas de candidatos y la creación de bancadas o comisiones del futuro en los ámbitos legislativos, con el objetivo de asegurar una participación activa y significativa de los jóvenes en la toma de decisiones políticas.
Es esencial que se atiendan las demandas de los jóvenes y se les dé la oportunidad de ser parte activa en la construcción de un futuro que refleje sus intereses y necesidades. La inclusión de la juventud en los procesos políticos y la consideración de sus opiniones fortalecerán la democracia y contribuirán a la creación de una sociedad más equitativa y participativa.
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