¿Cuánto valen cuatro vidas?
El pueblo es el que elige y su voluntad debe ser respetada a rajatablas. Cuando eso no fue así, ya sabemos lo que sucedió. Por eso, gusten los resultados de una elección o no, deben ser aceptados. Los que ganan gobiernan y el resto acompaña. Al menos así debería ser.
Pero, dejando ideologías partidarias de lado, uno tiene el derecho de preguntarse algunas cosas. ¿Qué es lo que se vota? ¿A quién se vota? ¿Interesan verdaderamente las propuestas de los diferentes candidatos o alcanza con la dádiva, con el bolsón o el plan social…?
Que Cristina Fernández iba a ser reelecta por cuatro años más, era algo que sabían hasta sus más acérrimos adversarios. El que guste o no la manera autoritaria que tiene el kirchnerismo para gobernar; que se esté de acuerdo o en desacuerdo con la política de inclusión social usando fondos del Anses; que se cuestionen ciertos postulados, entra dentro la discusión, que si es sana, es siempre positiva. Se puede estar de acuerdo no.
Pero si gana un gobierno que levanta una bandera determinada, es muy difícil entender que también puedan ganar aquellos que en vez de izarla, arriaron ese emblema. Es lo que pasó en Jujuy y más específicamente en Ledesma.
Esa bandera que ha levantado orgullosamente el kirchnerismo desde que Néstor llegó al poder en 2003, ha sido la de los Derechos Humanos. Fue durante este gobierno que los genocidas del último proceso militar se sentaron en el banquillo de los acusados. Es este el gobierno que reabrió causas, puso a las organizaciones de Derechos Humanos en un sitial de honor y caminó codo a codo con las madres y abuelas de Plaza de Mayo.
Los Derechos Humanos fueron y son parte fundamental del discurso kirchnerista. Sin embargo en julio, Ledesma vivió hechos de violencia que aún no cicatrizaron. El desgobierno y la ausencia total de poder dejaron como triste resultado cuatro muertos que todavía son llorados.
Las manifestaciones en repudio y pidiendo el esclarecimiento de los hechos, se repiten cada dos por tres frente a la Casa de Gobierno jujeña. Ledesma no ha olvidado. O eso es lo que uno creía…
Es que en el departamento que más sufrió en el triste invierno, la fórmula candidata a la gobernación se impone por el ochenta y cinco por ciento de los votos, algo difícil de entender, ya que son los mismos que gobiernan la provincia.
¿Puede ganar Cristina? Claro que puede. ¿Está bien que Fellner se quede con el triunfo en Jujuy? Si el pueblo así lo decidió por supuesto que está bien. El pueblo es soberano y decide. Pero uno no puede dejar de preguntarse si un terreno o peor, una simple ayuda, pueden hacer olvidar tan rápidamente los trágicos sucesos que enlutaron a la provincia.
Cada uno sabe por qué y cómo vota, y los motivos que lo llevan a tomar una decisión. Pero es terrible y doloroso, que cuatro muertes tengan menos valor que un terreno, un plan social o un bolsón…