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Congreso del PJ: El último que apague la luz

Fellner, Jenefes y Rivarola resolvieron darle otra vuelta de llave al PJ; bloquearon cualquier posibilidad de internas abiertas y se prorrogaron los mandatos. Las voces disonantes no se hicieron esperar y la migración se nota cada vez más.

Luego de más de una década en el poder, el Justicialismo sabe a ciencia cierta que estamos en los albores de un fin de ciclo.

Un silencioso aunque elocuente clamor baja de cada rincón de la provincia, demandando un cambio que no solo se agota en los nombres; un cambio en las actitudes y en modos de gobernar; un cambio que se puede resumir en la necesidad de más y mejor democracia.

La democracia se nutre y se enriquece desde sus más elementales cimientos, entre ellos y como parte fundamental, los partidos políticos, que son los órganos de participación por excelencia.

Mientras el resto del país busca los caminos para mejorar la democracia, en nuestra provincia los mandamases del Justicialismo buscan denodadamente hacer del PJ una agrupación excluyente y elitista. Una devaluada y berreta oligarquía enquistada en el poder desde hace más de una década, está dando los últimos manotazos con la consigna de salvarse a si mismos.

Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola perpetraron la última maniobra pensando en si mismos y poniéndole un candado a las puertas del legendario PJ.

La prórroga automática de los mandatos y la decisión de conformar listas únicas no es solo un nuevo retroceso en la calidad democrática, sino también un ardid que tiene como único fin ratificar que el PJ jujeño tiene la lógica de un club privado.

Los congresales, sin pestañear, legaron una vez más a la inefable trinca el armado de la arquitectura electoral. Ellos serán los encargados de buscar los partidos que se sumarán al Frente para la Victoria, preferiblemente aquellos sin demasiadas apetencias y una marcada vocación de genuflexión permanente.

Fellner tienen en su poder encuestas que develan el estado real de los eventuales candidatos, y las proyecciones con vistas a las generales.

Ninguna de estas encuestas le dan por ahora posibilidades ciertas de renovar el mandato, pero esto lejos de ser un problema político se convirtió en un problema de supervivencia.

Los números de Fellner son paupérrimos, pero los de sus escuderos son peores.

Jenefes y Rivarola tienen una imagen negativa que supera el 50%. No hay licuadoras ni psicólogos que alcancen para revertir esta situación.

Ante el desolador panorama, los jerarcas tomaron nuevamente el camino equivocado. Fellner, Jenefes y Rivarola bloquearon cualquier posibilidad de democratizar y engrandecer el partido nutriéndose de las distintas corrientes de pensamiento.

“Se tienen que terminar los dedos, más cuando el Justicialismo está en crisis. Si no se dieron  cuenta que se perdió la elección, que aquí se han ido todos del Justicialismo, están muy equivocados”, dijo un histórico como Julio Moisés, mostrando su total descuerdo con el resultado del Congreso.

“Hoy  en el Peronismo se tienen que ir todos; la gente que está en el Gobierno se tiene que ir. Esto es grave  porque no analizan las consecuencias. Todos los que se fueron hicieron partido político, sea el grupo del ingeniero Snopek, de Toto Arnedo; les estamos dando el justificativo histórico”, refirió indignado el jefe comunal de San Pedro.

El concejal quiaqueño, Miguel Tito no se quedó atrás y también fustigó con dureza lo actuado por el inefable trío.
Tito remarcó que éste era el momento para realizar internas abiertas, "abrir las puertas del partido, sacar a la luz nuevamente la ley que derogó Barrionuevo y que todo lo decidan los afiliados y simpatizantes; es una locura lo que hicieron..."

Es espíritu movimientista del PJ queda truncado al cruzar el Rio Las Pavas. El  destino del PJ no es distinto al destino de la provincia; el régimen fellnerista deja tierra arrasada.

El debate y las acaloradas discusiones quedaron en el recuerdo. Ahora, a la medida de Fellner, Jenefes y Rivarola, el Congreso del PJ se parece mas a una reunión de señoras gordas.

De la misma manera que sepultaron el futuro de Jujuy, ahora también sepultaron el futuro del PJ.

Solo quedaron ellos tres y un grupo de aplaudidores compulsivos atados al presupuesto estatal, pero la migración será constante y sin pausa, hasta que finalmente el último tenga que apagar la luz.

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