Campaña política: entre la viveza y la intolerancia
La falta de respeto se hace presente en la campaña política de caras al 23 de octubre. Los guerra de los carteles partidarios ha comenzado una vez más.
Ayer comenzó oficialmente el período autorizado por la ley, para la difusión de publicidad audiovisual de cara a las elecciones presidenciales del 23 de octubre. Pero la otra, la tradicional, aquella de la que toman parte los militantes haciendo pegatinas y colgando carteles, comenzó hace tiempo ya.
Desde el radicalismo denunciaron hace unas semanas que los carteles que ellos colocaban con la publicidad del actual intendente capitalino Raúl “Chuli” Jorge, que busca la reelección, eran retirados por militantes de la oposición.
No faltarán los que justifiquen la actividad aduciendo que “es parte del folklore” de toda campaña política. No hay justificativo que valga. Una cosa puede ser cometer “una picardía” y otra muy diferente es violar el legítimo derecho de los candidatos a manifestarse, sin importar de qué lado se esté.
El pasado lunes, el periodista que escribe estas líneas presenció cómo pasadas las nueve de la mañana eran colocados carteles y pancartas en el puente Necochea. El lugar elegido fue la esquina de Necochea y Avenida Irigoyen.
Poco tiempo después, no quedaban ni rastros de la publicidad partidaria. Los carteles habían sido arrancados sin miramientos, como si su sola presencia pudiera ser un ataque a los rivales políticos. Descansaban en el lecho del río Xibi Xibi.
No importa quiénes son los que cometieron este acto deleznable. Aquí no es cuestión de estar de un lado o en la vereda de enfrente.
La democracia es posibilidad de disentir en libertad, y obligación de respetar al que piensa diferente. Los resultados se obtienen con gestión, con campañas sanas y con propuestas para solucionar los problemas de la gente. No con agravios ni con violencia.
A casi treinta años del retorno de la democracia, los jujeños ya lo tendríamos que saber.

