Cultura | POEMAS

Poemas para compartir en el Día del Maestro

Cada 11 de septiembre se celebra el Día del Maestro en nuestro país, para conmemorar a los educadores evocando la figura de Domingo Faustino Sarmiento. Compartimos algunos poemas inspirados en los maestros y la noble tarea de educar.

Enseñarás a volar

de Madre Teresa de Calcuta

Enseñarás a volar,

pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,

pero no soltarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,

pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…

en cada vuelo,

en cada sueño,

perdurará siempre la huella

del camino enseñado.

Poema del enamorado de la maestra

de Elsa Bornemann

Usted jamás va a saberlo

y es apenas una frase:

¿cómo escribir que la quiero

en un cuaderno de clase?

Usted nunca va a enterarse.

Es ancha esta pena mía…

¿Cómo contarle mi amor

con faltas de ortografía?

Usted pondrá “insuficiente”

a su alumno enamorado,

pues por volverla a tener

voy a repetir el grado.

Una escuela tan grande como el mundo

de Gianni Rodari

Hay una escuela grande como el mundo.

Allí enseñan maestros, profesores,

abogados, albañiles,

periódicos, televisores,

carteles callejeros,

el sol, los temporales, las estrellas.

Hay lecciones fáciles

y lecciones difíciles,

feas, bonitas y así.

Allí se aprende a hablar, a jugar,

a dormir, a despertarse,

a bienquerer e incluso

a enfadarse.

Hay exámenes a cada momento,

pero no hay suspensos:

nadie puede parar a los diez años,

a los quince, a los veinte,

ni descansar un solo instante.

De aprender no se acaba jamás,

y aquel que no sabe

es siempre más importante

que aquel que sabe ya.

Esta escuela abarca todo el mundo.

Abre los ojos:

tú también eres un alumno.

Canto de fe

A los maestros rurales a su abnegación y sacrificio

De Hairenik Eliazarián de Aramayo

Maestro: No guardes tu lira.

Si el desaliento apaga

las voces de tu canto,

con un rumor sin antes

plegará la bandera

el Ala de su vuelo.

Si enmudece tu lira

y se apagan los ecos

de tu soñar,

tampoco brotes nuevos

reventarán cantares

sobre la costra oscura

de la Tierra cansada,

ni explotarán azules

los ojos azorados

del niño que te clama

esperando que un ángel

igual a tus palabras

ponga luz en el mundo

inédito de su alma.

Maestro: A ti te pertenecen

los ritmos más profundos, desde que siembras anchos

y acanalados surcos

con la modestia pura

de labor cotidiana;

desde que puedes todo

con sólo poseer

la ternura y la calma,

desde que mides tiempo

en la estatura inquieta

del niño que se agranda,

mientras tus días mueren

quemados en la fragua

de una escuela dorada.

Maestro: Nunca en pesos

se pagaron los frutos

que el espíritu alcanza…

Tu cosecha lleva en sí

todo el premio

que tu pasión buscara

Que no calle tu lira

ni se ahoguen las notas

que su vibrar arranca

para que muera la ignorancia.

Tú, que hiciste sueños

la escuela milenaria

y ves en sus adobes

columnas marmoladas.

Tú que piensas en libros

en las noches calladas,

y en pupitres y en tizas

cuadernos y pizarras,

que cubran la pobreza

impía de las aulas,

eres poeta y músico,

labrador y profeta,

en quien la Patria puede

acunar esperanzas.