Estamos en el barro y es complicado salir
Monseñor Daniel Fernández convocó a construir puentes de unión.
Quisiera por este medio responder a título de aporte a la buena fe siempre del obispo: en referencia a la necesidad de construir puentes de unión me parece que el escenario hoy no ayuda.
Hay como una miopía común entre oficialistas y opositores debido a la competencia política insana que los termina alienando de los problemas urgentes de la gente.
Hay un pavoroso aumento de la concentración de poder en la lucha con los otros y ningún sector quiere perder ante la victoria del otro. Es decir hay como una suerte de deformación del concepto de democracia.
Es por ello que veo difícil lo que plantea monseñor Fernández en este tiempo.
La pobreza no se erradicará en un solo periodo de gobierno si no que requerirá de acciones que se lleven a cabo de forma sostenida en el mediano y largo plazo.
La reducción de la pobreza implica una estrategia mancomunada y no están dadas las condiciones por razones políticas.
El prelado afirmó que hay que terminar de limpiar lo que se ensució y ordenar la casa con los valores y el trabajo de cada día.
Lo que ocurre es que todavía estamos en el barro y es complicado salir.
En cuanto al orden en la casa lo primero que hace falta es recuperar la sensatez porque todo esto a partido la matriz social y los valores se perdieron en medio de las fisuras provocadas por semejante daño que le han hecho al país.
Es cierto hay que volver a recuperar los valores pero debe hacerse mediante una suerte de pacto de la moncloa moral en donde todos procuremos recuperar valores desde donde nos toque pero lo principal es la escuela.
Aquí la educación (salvo en escuelas religiosas) no hablan de valores sino de los edificios que construye el gobernador esa es la nueva currícula, sobresaltar lo superficial por sobre las cuestiones profundas de la vida.
Jesús no necesitaba un templo para trasmitir valores a sus discípulos.
Una vez encaminada la restauración de la matriz social moralmente dañada llega la confianza y con la confianza las inversiones que generan empleos. Ese trabajo de cada día que pide el obispo solo será posible si el poder entiende que la justicia debe ser independiente y que debe autolimitarse en estas cuestiones y no cambiar reglas de juego.
No estaría mal que en sus homilías monseñor Fernández le explique a sus fieles que el trabajo no llega por arte de magia sino con ciertas condiciones una de ellas es la seguridad jurídica que debería ser una política de Estado
Monseñor es un pastor no un político lo sabemos pero sin embargo, seria de un aporte fundamental hacer hincapié en estos temas frente a tanta gente que pronto tendrá que votar en un contexto en donde ya no hay margen para equivocarse.