Jujuy | Pampa Blanca |

Vende empanadas y brinda información turística

Zulema Cortez es vendedora de empanadas en el ingreso de la localidad de Pampa Blanca. Es esposa y madre de tres hijas. Buscó una alternativa laboral y empezó por vender empanadas y hoy es una de las más buscadas de su pueblo. Los turistas le piden guía y ella ante la ausencia de las oficinas de información asume ese rol.

Diariamente se acuesta a dormir cerca a las 2 de la madrugada, porque antes deja listo  el recado y la masa para las empanadas del día siguiente. Además atiende a sus hijos y a su compañero de la vida, su esposo.

A Zulema le sobra sonrisa para atender a sus clientes durante diez horas de trabajo en su puesto a la orilla de la ruta. Pero también asesora a los turistas que pasan por el lugar y aprovechan la ocasión no solo para degustar unas ricas empanadas, sino también para consultar sobre circuito turísticos, hoteles o simplemente por lugares donde puedan llegar.

Su puesto de venta esta en el ingreso a la localidad de Pampa Blanca, distante a 24 km de Ciudad Perico sobre la ruta 34 que nos lleva a Guemes, Salta, Tucumán.

Cuenta que comenzó a vender empanadas hace apenas un año, como una manera de dar sustento a su familia que está compuesta por su esposo y sus tres hijas, quienes admiran a su madre y a veces acompañan mientras vende.

Quien pasa por el lugar, no puede evitar tentarse con el sabor típico y propio de las empanadas caseras que las cocina en un brasero a carbón y sobre aceite bien caliente.

A diario prepara y vende más de 30 docenas de empanadas, siempre con la custodia de alguna de sus tres hijas, que se transforman en la ayuda inocente de ese duro trabajo que realiza.

Cuando llega el invierno también vende api con buñuelos y humitas y quienes lo probaron solo pueden opinar de ese sabor caliente que penetra en el ser para llevar calor al cuerpo cuando un trabajador atraviesa la ruta antes de llegar a su trabajo en las primeras horas de la mañana o cuando regresa a media mañana haciendo un alto en sus tareas.

Para Zulema su trabajo “es cansador” pero aún así cree que “no se debe dejar de trabajar”. Ella ingresa a su pequeño puesto a las 9 de la mañana y se retira a las 19 horas, es puntual y hasta ella misma se admira de la constancia que tiene.

 “Hay que hacer las empanadas con mucho cariño para que salga mejor” nos enseña, como un ejemplo de cómo encarar la vida.

La venta de empanadas sirve de sustento para su hogar. Pero reconoce que a veces la tarea se hace difícil y  sacrificada. “Quise dejar de vender, porque te cansa, pero la gente me vino a buscar a mi casa para que siga vendiendo”.

Con su humildad de mujer de pueblo nos reveló un sueño: “me gustaría hacer mi casa y allí instalar un comedor”, sus esperanzas están intacta, muestra que tiene las fuerzas intactas y cuando hay objetivos todo se puede lograr.

De esta manera, esta joven madre, encontró una salida laboral para crecer en su pueblo. Es guía turística, es vendedora de empanadas, en invierno es vendedora de api y buñuelos y durante todo el año es esposa, madre y un ejemplo de mujer.


 

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